El cumplido la hizo sonrojar, pero no apartó la mirada. Había algo diferente en el tono de su voz al decir eso. Le había dicho antes que era guapa —muchas veces—, pero esta vez, por alguna razón, no había sonado como un padre halagando a su hija. Sus ojos recorrieron su cuerpo y volvieron a sus ojos, sin importarle que él la viera hacerlo. Deseando que él lo viera. Al diablo con todo, pensó, decidiendo impulsivamente llevarlo un paso más allá. —Eres realmente sexy, ¿lo sabías? —dijo, con su voz apenas por encima de un susurro, sintiendo su corazón latiendo contra su caja torácica. Se arrepintió al instante de haberlo dicho en voz alta, casi esperando que la reprendiera. Que le dijera que había ido demasiado lejos y que no debería decir esas cosas, que dejara de pensar así en él. Pero e

