Cuando el hombre de la pantalla finalmente empezó a follar a la chica, que ahora gemía de incomodidad en su hipersensible coño, Rebecca sintió que la mano libre de John la sujetaba firmemente por la muñeca y la empujaba hacia abajo. Lo miró con sus ojos color avellana abiertos de par en par, expectantes, y el ceño fruncido por la consternación. Gimió en voz alta en la palma de su mano cuando el juguete hizo contacto con ella. Le hizo cosquillas a lo largo de su raja, pero esta vez no había tela que amortiguara la sensación. Sus ojos estaban fijos en los de él, rogándole en silencio que continuara. Por favor hazme correrme, papi, pensó desesperada, ¡ no puedo soportar mucho más esto! Sus piernas empezaron a temblar al sentir la vibrante punta presionando su clítoris hinchado y necesitado

