"Te amo", susurró Janie. "Mi putita favorita", añadió con un dejo de orgullo en la voz. Después de un rato, rompieron el abrazo. —Bueno, ¿por qué no nos vestimos y bajamos? —sugirió con su tono de voz habitual—. A menos que quieras darle otro espectáculo a tu papá, en cuyo caso estoy totalmente preparada para eso. "No", dijo Rebecca, riendo mientras se secaba los ojos. "Dejémoslo para otra ocasión". Viernes por la noche La oscuridad otoñal casi había caído fuera de la casa, y el viento fresco empujaba la lluvia contra las ventanas mientras Rebecca y Janie bajaban a cenar. Había un delicioso olor a comida casera en el aire que les hacía la boca agua. "Señoritas", las saludó John mientras colocaba los tenedores y cuchillos junto a los platos. Él y Rebecca solían comer en la mesa pequeñ

