"Gracias", sonrió Janie mientras se guardaba la almohada en la espalda. Luego se quedó pensativa un momento. "Oye, espera un segundo... ¿No puedes correrte?", preguntó con una sonrisa burlona. "No", respondió Rebecca con naturalidad, jugueteando inconscientemente con su pezón izquierdo a través de la tela rosa mientras recorría con la mirada el cuerpo desnudo de su amiga. "Y tú tampoco, cariño", añadió con desenfado, mirándola de nuevo a los ojos. "¿Qu... por qué no?" preguntó Janie, luciendo un poco confundida pero aún sonriendo mientras sus manos subían para ahuecar y apretar sus propios pechos. "Regla de la casa", dijo Rebecca con un leve encogimiento de hombros que parecía indicar que no había sido idea suya, aunque sí lo era. "Aquí las chicas no pueden correrse sin permiso, y tú ta

