El contrato 3

1449 Words

Pero el mañana llegó, y con él, el final de la paz. El olor a café recién hecho la despertó, un aroma amargo que ya no era el de su rutina, sino el de una nueva normalidad. Bajó a la cocina, encontrando a David de espaldas, vertiendo el líquido n***o en dos tazas. Llevaba solo un pantalón corto de deporte, su torso desnudo era bastante definido, un relieve juvenil que prometía la fuerza de un hombre. Se giró al oírla entrar, y una sonrisa, no la de un niño, sino la de un depredador satisfecho, se dibujó en su rostro. -Buenos días, reina. Se acercó para probar su café, David aprovecha para atacar y el movimiento fue fluido, seguro, el de alguien que ya no pide permiso para entrar en un espacio. La rodeó por detrás, sus brazos, tibios y duros, ciñendo su cintura justo encima de la cadera.

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