Marco hervía por la rabia. Durante el día anterior estuvo persiguiendo al sujeto que amedrentó en el estacionamiento. Lo siguió hasta el hospital, donde atendió sus heridas, y luego, a la casa de una mujer en una zona residencial cercana a la constructora. —¿Qué vienes a hacer aquí? —se preguntó, desconcertado. Le gustó saber que el hombre no había acudido a Emma para que lo cuidara, aunque luego, durante la madrugada, lo vio tomar su auto y dirigirse solo a un edificio exclusivo en el centro habitado por gente de dinero. Allí se quedó de forma definitiva. Aquello le extrañó aún más. ¿Acaso no pensaba ir a la casa donde vivía con sus hijos? Se mantuvo vigilante, pero aprovechó la ocasión para bajar y hacer unas averiguaciones. Se ganó la confianza del portero regalándole cigarrillos,

