Un día nuevo comenzaba. Quizá Lorein ya no estaba con Corina, pero debía admitir que a pesar de eso Lizy y ella seguían sin hacer de su convivencia algo más ameno. Las cosas con las chicas se sentían un tanto extrañas; no era lo mismo. La gerente se preparaba para ir a la trabajo, sentía la mirada de Lizy clavada en su espalda, era una mirada atenta e inexpresiva. — ¿Necesitas algo? —cuestionó la ojiverde incomoda. — ¿Vendrás hoy? — Siempre lo hago. Déjame de hablar como si estuviera haciendo algo mal. — Lo estás haciendo. — ¿Por qué te aferras? Ya te dije ya que no tengo nada con esa niña. — No te creo. Lorein no respondió a eso, esa frase de Lizy siempre era motivo para estallar en una nueva discusión que terminaba por dar pie

