Había pasado una semana desde que Jessi se acercó a Corina para recitarle una serie de metas laborales que tenía que cumplir en el transcurso de la semana.
Todos los vendedores debían llegar a un monto mínimo de ventas y tener conductas favorables dentro de la empresa.
Lo que Corina no sabía era que, después de la semana de capacitación y de la de prueba, tenía que transcurrir un mes por lo menos para que subieran las cifras esperadas en su perfil.
Jessi había obedecido a Lorein y no le dijo a la castaña que no habría problema si no llegaba a cubrir esos números el primer mes, tampoco le mencionó que la meta que debía perseguir, de forma oficial, era la que le habían dado al principio y aún no cambiaba en los reportes que se llenaban para los resultados.
Por otro lado, cuando Corina comentó en alguna charla que le estaban pidiendo subir sus números, sus compañeros no tenían idea del por qué le habían cambiado las metas tan rápido así que no pudieron decirle algo diferente a “quizá la junta cambió sus políticas” o “habla con la gerente” sin imaginarse que la gerente era la que había cambiado el juego.
La castaña estaba a punto de terminar su turno, entraría un poco más tarde a la universidad así que decidió hacer caso a las palabras de los demás y buscar a la señorita Larregui; o bueno no a ella precisamente, primero debía buscar a Hally, en eso la gerente había sido clara.
Terminó de acomodar un par de cosas en su locker luego de cambiarse el uniforme por su ropa común y, antes de cualquier otro movimiento, dio un vistazo rápido buscando a Hally con la mirada ya que si no andaba dando vueltas por la boutique se sentaba a trabajar en la sala de empleados.
Al no ver a Hally se dirigió a la oficina de la gerente, estaba a punto de llamar a la puerta cuando oyó una voz a sus espaldas.
— No hay nadie ahí adentro —dijo Hally acercándose.
— ¡Qué bien que te veo! — exclamó Corina.
— ¿Qué es lo que necesitas? —cuestionó la más bajita de forma amable.
— Tengo una pequeña duda y mis compañeros me recomendaron que me armara de valor y viniera a hablar a la gerencia —comentó un poco nerviosa.
— Ok —dijo Hally arrugado un poco el entrecejo —, sígueme —indicó abriendo la puerta de la oficina para pasar.
Corina nunca había entrado ahí, cuando entró tras Hally se dio cuneta de que luego de cruzar la puerta no se entraba directamente a la oficina de la señorita Larregui, se entraba a una especie de oficina pequeñita con un escritorio, un archivero, la puerta de un armario y una puerta doble que era la verdadera entrada a la oficina gerencial.
Hally le indicó a Corina que tomara asiento mientras ella guardaba un par de cosas en el archivero y esta acató la orden sin dejar de ver a su alrededor.
— Así que está es tu oficina —comentó la vendedora.
Hally dibujó unas comillas en el aire luego de sentarse frente a Corina para atenderla.
Corina solo sonrió y frotó un poco sus brazos ya que el ambiente en ese lugar estaba helado, parecía un congelador.
— Lo siento, a la señorita Larregui le gusta esta temperatura, dice que ayuda a la concentración explicó tras ver que los la piel de Corina se erizó.
— Ahora entiendo por qué casi no te la pasas aquí.
Hally soltó una risilla que no pudo reprimir.
— Mejor dime ¿Qué sucede? ¿Algún problema con alguien? —preguntó recuperando seriedad.
— Sí, o por lo menos eso creo.
— ¿Te mandó Jessi?
— No, ella no lo hizo.
— Bien, entonces debes hablar primero con ella, si es algo que está fuera de sus manos te dirá si debes de hablar con recursos humanos o directamente en gerencia —comentó amigablemente.
— No —se apresuró a decir Corina —, lo que sucede es que ella me está pidiendo que incremente mis ventas de la noche a la mañana, es decir que me lo dijo el martes cuando un día antes tenía otras cifras para mí, además me exige que termine los inventarios y de acomodar las cosas que me pide en un tiempo mucho menor al que me pidió el lunes —el rostro de Corina se notaba algo apenado pero si había algo mal ahí no quería tener que lamentarse después por haber callado.
Hally arrugó ligeramente el entrecejo una vez que Corina terminó su exploración, eso no era lo justo, aún no había pasado el tiempo suficiente para que le pidieran el incremento en las entradas, tampoco para que le exigieran reducir sus tiempos de acción puesto que, como dicen comúnmente, la práctica hace al maestro y ella no llevaba ni un mes ahí, los ciclos debían respetarse con todos los empleados por igual aunque les hubiera ido demasiado bien en su semana de prueba.
— Entonces creo que tenemos un problema —dijo Hally un tanto extrañada por lo que acababa de oír.
Lorein había tenido que salir por asuntos del trabajo, una visita a una agencia que les mandaría un par de chicas para que modelaran los nuevos diseños que saldrían a la venta, pero antes de que Hally pudiera avisarle o pensar más la situación ,la ojiverde abrió la puerta encontrándose con ambas.
La gerente se limitó a dar las buenas tardes sin expresión alguna, no se detuvo y se encerró en su oficina esperando que después su asistente le contará lo ocurrido pues no le agradaba mucho la otra chica como para permanecer ahí y preguntar por su cuenta lo que pasaba, se disponía a encender su ordenador para revisar lo que la agencia había quedado de mandarle sin embargo apenas entró llamaron a la puerta.
— Señorita Larregui, Corina Carpe tiene un problema, creo que debe hablar con ella —dijo Hally asomando solo su cabeza.
No era necesario que dijera “Corina Carpe de lencería”, con sólo decir “Corina” bastaba, podría haber mil Corinas trabajando ahí pero nadie apellidaría Carpe. Además, por “Corina” de inmediato venía a su cabeza la castaña que no quería.
— Sí, está bien, hazla pasar —respondió sentándose en una esquina de su escritorio.
Posteriormente, Lorein tomó el primer libro que vio a su alcance para fingir que lo leía. Ya se imaginaba por qué estaba ahí la castaña, no en vano había cambiado sus metas y exigencias con ella, quizá ya no quería trabajar, o pediría que ya no le pidieran tanto, con eso se conformaría Lorein para poder decirle a Diana que Corina no era la estrellita que había hecho creer la primer semana y que no se equivocó del todo.
De cualquier manera, según la gerente solo ella y Jessi sabían que le habían cambiado las cifras a Corina ya que era algo extraoficial.
Lorein estaba casi segura de que todo le saldría bien, pues no solo confiaba en su estrategia sino que también era martes y los martes eran sus mejores días.
— Con permiso —dijo la castaña interrumpiendo los pensamientos de la ojiverde y cerrando la puerta tras de ella.
Lorein no alzó la mirada.
— Propio —respondió con indiferencia.
Hubo un silencio de unos cuantos segundos que para Corina parecieron eternos, silencio que terminó hasta que Lorein quiso cerrar el libro e irse a sentar a su silla mientras que con un gesto le indicaba a la castaña que hiciera lo mismo.
— Gracias —susurró Corina tomando asiento.
— ¿Qué es lo que sucede… Ammm… —cuestionó fingiendo no recordar su nombre.
— Corina —dijo la vendedora de inmediato.
— Sí, claro, Karina —completó la gerente.
La chica de lencería torció un poco la boca y decidió ignorar eso puesto que no se pondría a discutir con su jefa, el tiempo debía ser empleado lo mejor posible así que le explicó todo a la gerente usando las mismas palabras que había usado con Hally, solo que con menos energía y mucha más timidez.
— La verdad estaba muy feliz porque estaba por arriba del promedio de lo esperado pero ahora, aunque lo logro, me siento muy nerviosa, me cuesta más y no quiero fallar o que eso me afecte —añadió Corina tratando de no tartamudear.
Corina se sentía intimidada porque la mayor nunca la dejó de mirar fijamente, fue aún peor cuando la ojiverde no dijo nada inmediatamente después de que le terminó de explicar.
— ¿Entonces? —cuestionó la gerente alzando las cejas cuando finalmente decidió romper su pausa — Creo que no entiendo tu punto ¿a qué quieres llegar?
La más joven tardó un poco en reaccionar ya que no esperaba esa respuesta.
— Bueno… a eso —respondió —, creí que de alguna manera estaba mal que me cambiara mi índice cuando eso no fue lo establecido al principio —, añadió tratando de darse a entender mejor.
Pero la siguiente respuesta fue aún menos agradable.
— No.
— ¿No? —dijo Corina sin creerlo.
— Sí.
— ¿Sí o no? — Cuestionó confundida.
— No, no hay nada de malo —contestó la ojiverde terminando con ese momento tan infantil —, Jessi sabe lo que hace, es su trabajo y si cree que debes aumentar tus ventas este bien, tu obedece y sé tan buena como hasta ahora —, concluyó poniéndose de pie rumbo a la salida e indicándole a Corina que la siguiera.
La menor se levantó y caminó sin alzar la mirada con una expresión de desánimo.
Lorein se detuvo frente a la puerta dándole espacio a Corina de abrir y marcharse.
— Gracias —dijo la menor cuando pasó junto a la gerente —, eso haré —, agregó deteniéndose un instante frente a ella y regalándole una pequeña sonrisa, sonrisa que ni haciéndola más grande podía opacar la tristeza y resignación de sus ojos oscuros.
Algo dentro de Lorein se movió en ese momento ¿culpa? O quizá sorpresa de ver que la chica no cedía.
— Espera —dijo Lorein tomando del brazo a la castaña y evitando que se fuera.
— ¿Qué sucede? —cuestionó la menor.
— ¿Por qué esperaste hasta hoy para venir a hablar? — preguntó con duda genuina ya que pudo quejarse de inmediato.
— Me estaba dando valor —respondió nerviosa —, y… También creí que sería más fácil, reconozco que no.
La gerente suspiro y se cruzó los brazos al pecho tratando de reprimir una sensación extraña que se le estaba formando ahí.
— Acabas de romper mi racha de martes —susurró Lorein meditando.
Ya sabía que estaba mal desde el principio pero no quería admitirlo del todo, para cualquiera es difícil auto juzgarse.
— ¿Perdón? —cuestionó Corina al no entender lo que su jefa murmuró.
—Nada —respondió volviendo al instante con Corina —. Te veré mañana, suerte en la escuela.
Esas últimas palabras hicieron que el brillo en los ojos de Corina volviera al menos en un tres por ciento.
— Muchas gracias, la necesitaré considerando que muy probablemente llegaré tarde —comentó viendo su reloj.
Bien, era el colmo, además de atormentarla en el trabajo también, de manera implícita, estaba provocando que llegara tarde a la universidad.
— No, no lo harás —respondió de inmediato Lorein yendo por su bolso —, vamos, yo te llevaré —, añadió abriendo la puerta dándole paso a Corina, era lo menos que podía hacer.
La castaña la miró con duda.
— N-no es necesario que…
— Soy tu jefa, no me cuestiones —la interrumpió empujando ligeramente su hombro para salir tras ella.
Acto seguido ambas salieron de ahí dejando a Hally un tanto asombrada cuando la gerente le dijo que volvería en un rato pues llevaría a Corina a la escuela.