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1520 Words
Lorein terminaba de hacer su análisis laboral de trimestre, no era tan tarde pero ya había dejado salir Hally y la mayoría de los que ahí trabajaban ya se habían ido, vio su celular y solo tenía un mensaje de Lizy en el cual se leía un simple “ok” tras que ella le dijera que llegaría un poco más tarde explicándole que aún estaba en el trabajo.   Cuando la ojiverde finalmente terminó, mandó su resumen al señor Serban y cargó todo a la base de datos de la empresa, alguien tocó a la puerta de su oficina.   —     Adelante —dijo terminando de organizar algunas cosas en la computadora.   —     ¿Día pesado? —cuestionó Diana entrando con ella.     —     No, solo menos ligero —respondió cerrando todo en el ordenador para luego apagarlo.   —     Siempre me ha gustado eso de ti —dijo Diana refiriéndose a la forma de trabajar de la gerente, siempre dedicada, siempre firme.     —     Gracias —contestó con una pequeña sonrisa —, yo puedo decir lo mismo de ti sin ningún problema.   —  Me halaga. Pero debo sugerir que de vez en cuando debes hacer otra cosa además de trabajar.   —     Lo hago, suelo salir con Lizy y visitar a mis padres.   Diana soltó una risilla muy sutil.   —     A eso me refiero ¿Cuántos años tienes?   —     27 —respondió con obviedad la ojiverde —, eso ya lo sabes.     —     Lorein, no era una pregunta literal —replicó su amiga —. Lo que quiero decir es que tiene mucho tiempo que no sales conmigo o haces algo nuevo, antes te gustaba mucho viajar.   —     Diana, si quieres salir podemos ir a comer mañana. Con respecto a lo de hacer algo nuevo no veo la necesidad, tengo una vida cómoda así, y me sigue gustando viajar aunque ya tiene tiempo que no lo hago por gusto.     —     Te tomaré la palabra con lo de ir a comer mañana aunque no me refería exactamente a eso.   —     OK —dijo Lorein acomodando sus cosas en su bolso.     —     Que bien que reconoces que tu vida solo es cómoda —susurró Diana luego de un rato de silencio en el que Lorein buscaba algo dentro de uno de los cajones del escritorio.   —     ¿Qué quiere decir eso? —cuestionó Lorein llevando rápidamente su atención hasta ella.     —     ¿Quién? ¿Yo? —dijo la más alta fingiendo amnesia —yo no he dicho nada.   —     Diana —habló Lorein viéndola con demasiada seriedad.     —     Bien, quiero decir que solo dijiste cómoda cuando pudiste decir ¡perfecta! —respondió con alegría sobreactuada en la última palabra.   —     Nadie tiene una vida perfecta.     —     En fin, pudiste usar otro adjetivo, uno más lindo o menos aburrido.   —     ¿Crees que soy aburrida? —cuestionó sin expresión alguna.   —     No, tú entrada del lunes estilo terminator a mi oficina me hizo darme cuenta de que no he perdido a la Lorein que conocí, al menos no del todo. Hacías más cosas como esa cuando empezaste aquí.   Lorein río suave al recordar esos momentos.   En parte Diana tenía razón, seguía jugando de esa manera mientras llevaba su trabajo en orden pero cada vez sacaba menos esas bromillas, quizá porque le preocupaba que no la respetaran, pero no, no era eso, siempre la habían respetado.   Lorein tenía dos grandes facetas, la primera era la de líder que se inspiraba en su gusto por hacer crecer la empresa para la que trabajaba y todo el reconocimiento que eso traía consigo, y la segunda faceta era la de friki, la que tenía desde pequeña y que siempre sacaba a relucir en cualquier lado (de forma más marcada con sus amigos y de manera sutil en su ámbito laboral) esta faceta estaba inspirada obviamente por sus relaciones personales y pasatiempos pero al parecer a esa Lorein se le estaba agotando la inspiración de alguna manera.   —     No era Terminator, era Lorein molesta. Pero debo admitir que me equivoqué, tu elección no fue mala, ambas chicas lo hicieron bien y con respecto a valoración de disciplina le dieron más puntos positivos a Corina, la que pusiste en lencería. Ahora solo evita decirme “te lo dije” —indicó tras ver el rostro de satisfacción de Diana.   Para Diana, el que Lorein admitiera su error hacía placentero el tener la razón.   —     Lo siento, es inevitable. Te lo dije —dijo la más alta sin burlarse o hacer de ello una escena — Ahora como yo tenía razón y tú no me debes un trago, vamos —añadió poniéndose de pie y tomando a Lorein de la mano.   —¿En dónde dice eso? ¿Cuándo lo acordamos?   —No es necesario, está en el reglamento básico de la amistad así que apúrate que te hace falta —indicó tirando con suavidad de la mano de Lorein haciendo que esta finalmente se pusiera de pie.   —     Es viernes, tengo que llegar a casa.   —     Es viernes, tienes que salir a divertirte —corrigió sacándola de la oficina.   Y así Lorein se dio cuenta de que quizá Diana tenía nuevamente la razón, además de que, debido a sus insistencias libres de exaltaciones, su amiga era muy convincente.   La noche aunque fría tenía bastante vida, Diana caminaba junto a Lorein quien iba hablando por teléfono, primero con Lizy, nuevamente dándole explicaciones, y luego con Mark, para indicarle que ya había mandado todo a su correo y al del señor Serban.   Después de eso, y de un rato de caminata, finalmente llegaron a un bar que se encontraba a un par de calles de la boutique, bar en el cual siempre habían muchas personas, mujeres en su mayoría.   —     Me siento rara, casi no vengo a estos lugares — indicó Lorein tomando asiento en una mesa.   —     Por favor, Lorein, relájate un poco.   Luego de un par de minutos de charla se acercaron a ellas para que pidieran algo de beber y así lo hicieron. Pronto les llevaron sus bebidas y también, casi inmediatamente, dos chicos se acercaron a ellas.   —     Buenas noches, señoritas —saludó uno de ellos sentándose con ellas.   —     Qué sorpresa que un par de chicas tan lindas no vengan acompañadas —dijo el otro imitando la acción de su amigo.     Lorein puso los ojos en blanco al oír el tono supuestamente sexy con el que se estaban dirigiendo a ellas, que mal que ya se supiera todas esas estrategias y que nunca dieran resultado en ella.   Diana intentaba no reír ante la escena que estaban montando los chicos sumada a la mala cara de su amiga, por Dios que la expresión de fastidio e intento de autocontrol de la ojiverde era bastante graciosa.   —     ¿No les gustaría bailar un poco con nosotros? —cuestionó uno de ellos.   —     No, gracias, estamos bien ahora —respondió la más alta.   —     Vamos, por lo menos dejen que les invitemos otro trago —insistió el muchacho.   —     De verdad que no, de cualquier forma no somos de esa clase de chicas que salen a beber esperando a que algún tipo se acerque a pagar nuestra cuenta —intervino Lorien con una falsa sonrisa en los labios.     El muchacho solo se la quedó viendo fijamente con una sonrisa coqueta en el rostro para luego seguir intentando algo.   —     Bien, solo déjame decirte que luces hermosa siendo ruda.   —     Qué dulce, gracias —respondió sarcástica.     —     También creo que olvidé decir que tienes unos ojos hermosos.   —     Y yo creo que olvide decir que soy lesbiana —soltó Lorein sonriendo de manera angelical y dejando a ambos tipos sin palabras.     Ambas soltaron una carcajada cuando los chicos se retiraron sin nada más por hacer o decir y sin expresión alguna en el rostro.   —     Lorein, eso fue genial, extrañaba salir contigo —indicó Diana entre risas.   —     Ahora recuerdo por qué no me gustan estos sitios —contestó Lorein riendo de igual manera.     —Prometo que la próxima vez visitaremos un bar gay —indicó Diana.   No pasó mucho tiempo ni muchas copas antes de que Lorein viera un rostro conocido en el bar.   —     ¿No es la niña que trabaja con nosotras? —preguntó la ojiverde señalando ligeramente con un movimiento de cabeza a la chica que bailaba entre la multitud.   —     Sí, creo que es ella —respondió Diana luego de verla un rato para estar segura de su respuesta —. Eso me recuerda el motivo por el cual tu pagas esta noche —añadió alzando su copa.     —     Ni me lo recuerdes —replicó.   —     Un brindis por ella.   —     Qué más da —exclamó Lorein haciendo chocar ligeramente sus bebidas.   De cualquier manera Lorein no quitaría el ojo de Corina porque, como bien se sabe, la primera impresión cuenta mucho y con la chica nueva no había tenido la mejor.   Quizá sí era un poco prejuiciosa por pensar que Corina terminaría haciendo las cosas mal y acabar viendo que realmente hizo lo contrario desenvolviéndose de una manera bastante buena. Al menos solo se tratara de la primer semana.   A Lorein no le gustaba perder y no tener la razón era una manera de ello, pero siempre podía  buscar la forma de tenerla; Corina debía tener algún defecto.   Entonces Lorein pensó que era el peor ser humano sobre el planeta por querer encontrar un error en el trabajo de Corina con tal de tener un motivo para decir que no la juzgó mal. 
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