finalmente salgo del auto y, para ser sincera, me siento mejor que en semanas. Entre la noche con David, dormir bien y el desayuno increíble, voy flotando mientras subo a mi apartamento del tercer piso. Confesarle algunos de mis miedos tampoco fue tan terrible. Nunca he tenido a alguien, aparte de Amy, que no solo me aceptara tal como soy, sino que además me hiciera sentir mejor conmigo misma. Hago una nota mental de comer más espinaca mientras meto la llave en la puerta de mi apartamento y entro. Rannia y Polly están sentadas en el sofá, cada una con un café en la mano cuando entro. —Hey —saludo mientras cierro la puerta y camino hacia mi cuarto. —Hey —responde Rannia desde el asiento—. Gran trabajo anoche. Moviste las jaulas. —Gracias —digo, siguiendo por el pasillo. Después de tod

