la última hora ha parecido un sueño. O quizá una pesadilla. Estoy mirando una larga tira de imágenes del ultrasonido, el pequeño punto en la pantalla siendo la confirmación de que he cometido el único error que juré que jamás cometería. No lloro. Creo que ya no me quedan lágrimas. David se quedó a mi lado durante todo el examen, sus dedos apretándose con los míos cuando la doctora reprodujo el latido en voz alta con un pequeño micrófono conectado a la máquina. —¿Lo oyes? —nos sonrió—. Ese es el latido de tu bebé. A veces no podemos escucharlo a esta altura del embarazo, así que eso significa que el corazón de tu bebé es muy fuerte. Intenté sonreír de vuelta, pero lo único que sentía era un nudo de angustia. Después nos llevaron al ultrasonido, donde la técnica nos dijo que todo se

