—Ese es el primer punto de mi agenda. Porque la verdad es que no fui responsable ni de ese atentado en su club, ni del tiroteo en el apartamento de Jeffrey. El silencio acompaña mis palabras, la incredulidad reflejada en cada par de ojos. Jeffrey cruje los nudillos tatuados. —¿Me estás diciendo que no tuviste nada que ver con esos ataques? Cuando ya te habías responsabilizado? Dificulta creerlo. Giro el cuello, haciendo crujir una de las vértebras. Jeffrey no está equivocado. Me acerco a la encimera, alcanzo la bandeja y tomo un nacho cargado, metiéndomelo en la boca. Los nachos no son realmente mi cosa, pero están buenos. Mastico, ganando tiempo, haciéndoles esperar, antes de responder. —La mayoría de ustedes sabe que soy una mano en una operación mucho más grande. —Abro una cerv

