Mila se sobresalta, sus ojos muy abiertos se cruzan con los míos y luego hace exactamente lo que le pido, deslizándose por la puerta que acabo de dejar abierta. Si la situación fuera diferente, su reacción a mi orden me haría gruñir de satisfacción. Pero tengo un trabajo que hacer. A los Mancini les gustan los músculos, la fanfarronería y el mal comportamiento. De inteligencia van justos, y así es como vamos a salir de aquí. Siendo más listos que ellos. No soy la bombilla más brillante. De hecho, en mi familia probablemente soy el menos de todo. Pero puedo ser más listo que estos tres payasos. No sé cuándo decidí que Mila venía conmigo. Tal vez sea la forma en que se ve en la penumbra, cuidando mis heridas. O quizá lo supe en el mismo segundo en que miré esos grandes ojos marrones. Sí

