Jimena González despertó con la tarjeta de Raúl Mendoza todavía sobre la mesa, el número en n***o mirándola como un desafío. La gala de la noche anterior había dejado un eco de tensión en su cuerpo: las evasivas de Álvaro, la sonrisa de Diego, la oferta de Raúl. No había dormido bien, atrapada entre la necesidad de saber y el miedo de lo que encontraría. El reloj marcaba las seis, y el apartamento estaba silencioso, Sofía aún dormida arriba. Tomó la tarjeta, girándola entre los dedos. Álvaro le había dicho que no confiara en Raúl, que era un enemigo disfrazado de aliado, pero sus palabras sobre Laura y Diego no terminaban de encajar. Los pagos offshore, las "irregularidades", la forma en que todos parecían saber más que ella —todo la empujaba hacia una decisión que no podía posponer. Marc

