—Si no les molesta, me gustaría conversar en privado con el señor Smith. La sala de reunión se fue quedando vacía poco a poco, mientras Bridget cambiaba su atención al señor Smith quien la miraba con enojo mal disfrazado. Bridget se quedó de pie junto a la mesa de la sala de reuniones, observando cómo los negociadores comenzaban a recoger sus papeles y a intercambiar miradas incómodas. Había dejado claro que necesitaba revisar las decisiones de Smith, y aunque la incomodidad en el aire era palpable, sabían que la palabra final era de ella. Mientras se dirigían hacia la puerta, Bridget levantó la mano, indicándoles que se detuvieran. —Un momento, por favor —dijo en un tono firme, pero sin agresividad—Antes de que todos se vayan, quiero aclarar algo. Los ejecutivos y negociadores,

