Andrew observó en silencio desde su asiento en la mesa de la casa de su madre, sus ojos recorriendo el elegante comedor que había sido el escenario de tantas cenas familiares a lo largo de los años. Esta vez, sin embargo, la sensación en el aire era distinta. El ambiente estaba cargado, denso. Y no por la comida. Frente a él, su madre, elegante como siempre, se movía con gracia entre los invitados, atendiendo a todo el mundo con su habitual cortesía. Pero había algo más en su actitud esa noche, algo calculado. Algo que Andrew conocía demasiado bien. A su lado, sentada con una sonrisa perfecta y una postura impecable, estaba Aelin, la mujer que su madre llevaba años intentando meterle por los ojos. No importaba cuántas veces él había dejado claro que no estaba interesado. Con Aelin su m

