La brisa fresca acariciaba el rostro de Bridget mientras observaba a Dylan jugar con su hijo en el césped del jardín. La luz del sol, ahora más cálida tras un invierno riguroso, iluminaba la escena, llenándola de una paz que no había sentido en mucho tiempo. Todo parecía encajar a la perfección, las risas de su bebé, la mirada llena de amor de Dylan y el calor del hogar que juntos habían construido. Bridget sonrió mientras se acomodaba en la silla del porche, envuelta en una suave manta. Desde ahí, disfrutaba de cada momento, de cada risa que su hijo regalaba y del entusiasmo con el que Dylan lo levantaba y lo hacía volar suavemente en el aire. El pequeño agitaba sus brazos con alegría, emitiendo pequeños gritos de felicidad que hacían que su corazón se llenara de amor. Dylan levantó

