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1160 Words

El cuervo chocó de nuevo contra la ventana de la suite en Milán, su graznido cortando el aire mientras el vidrio temblaba, una g****a fina extendiéndose como una advertencia. Jimena González se apartó de la cama, el calor de Álvaro todavía pegado a su piel tras su encuentro en la ducha, el eco de sus gemidos resonando bajo el vapor. Afuera, el Ticino fluía oscuro bajo un cielo gris, y la nota del almacén —"El legado respira. Los veo"— pesaba como una danza de fantasmas que no podían detener. Álvaro se levantó, su cuerpo desnudo moviéndose con urgencia, y tomó su teléfono, marcando a María Elena con dedos temblorosos. —¿Qué tienes? —preguntó, su voz ronca, el altavoz amplificando el crujido de la línea. —Algo raro —respondió María Elena, su tono cortante—. El ‘Fantasma’ no es un hombre. E

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