El sábado llegó con un cielo despejado y una brisa que aliviaba el calor de abril. Lara estaba en el penthouse, frente al espejo de su cuarto, ajustando un vestido verde esmeralda que Claudia había enviado esa mañana. Era sencillo pero elegante, con mangas cortas y un corte que le llegaba justo por encima de la rodilla. Los tacones eran más bajos esta vez, un alivio después de las torturas anteriores. Ian le había dicho que era una reunión familiar en la casa de su madre, algo informal pero importante. “Solo sé tú misma”, había añadido, lo cual era irónico viniendo de él. Bajó a la sala a las once, donde Ian la esperaba con una camisa azul claro y pantalones oscuros, un look más relajado que sus trajes habituales. La miró al entrar, y por un segundo sus ojos se detuvieron en ella, pero no

