La tarde del lunes llegó con un calor pegajoso que se colaba incluso en el penthouse, a pesar del aire acondicionado. Lara había pasado el día organizando sus cosas y hablando con el hospital sobre el tratamiento de su madre, gracias al dinero que Ian había asegurado. El gesto de él con Diego todavía le daba vueltas en la cabeza, un acto de generosidad que no encajaba con el hombre frío que había conocido al principio. No sabía qué hacer con eso, así que lo dejó en un rincón de su mente mientras se movía por la cocina, preparando algo para cenar. Ian había estado fuera todo el día, en reuniones que no explicó, y el silencio del penthouse empezaba a pesarle. Cuando el reloj marcó las siete, decidió darse una ducha para quitarse el calor y la inquietud. El baño de su cuarto era un lujo absu

