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1540 Words

Jimena González despertó en su habitación del hotel londinense con el cuerpo tenso, el eco del roce de Álvaro en su cuello todavía quemándole la piel. La tormenta de la noche anterior había cedido, dejando un cielo gris que se filtraba por las cortinas, pero dentro de ella rugía algo más: el deseo que había sentido en el callejón, su voz susurrando "No me detengo, Jimena", y la sombra de Victor Lang, sus palabras venenosas sobre sabotajes y secretos. El día prometía reuniones cruciales con los socios europeos, pero lo que pesaba no eran los contratos, sino el hombre que dormía al otro lado del pasillo, y la pregunta que no podía responder: ¿podía confiar en él? Bajó al comedor a las ocho, el traje azul oscuro ajustándose a su figura como un escudo que no se sentía suficiente. Álvaro estab

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