Jimena González llegó a casa con el mensaje anónimo —"El rey juega. ¿Quién cae primero?"— todavía resonando en su cabeza. La plaza del Sol había sido un desastre: Álvaro rompiendo el pacto al negociar con Salazar a sus espaldas, Diego Ramírez enfrentándola con Sofía a su lado, y la ruptura que ahora ardía entre ellos. El apartamento estaba en silencio, Sofía encerrada en su cuarto tras su desafío, y Carlos ausente otra vez, probablemente escondido en la oficina. El peso del juego de poder la aplastaba, y la traición de Álvaro era una herida que no podía cerrar. A las cuatro, María Elena llamó, su voz tensa pero firme a través del teléfono. —Necesito verte —dijo—. En el bufete, ahora. Encontré algo grande. Jimena dudó, mirando la puerta de Sofía. —¿Qué es? —preguntó—. No dejo a Sofía

