Jimena González salió del penthouse de Álvaro con la carta de Diego y el USB de María Elena en el bolso, el mensaje anónimo —"El arma corta por los dos lados. Elige bien"— pesándole como una sentencia. Sofía estaba a su lado, su silencio cargado de una furia que no podía ignorar, y María Elena las seguía, el hematoma en su mejilla un recordatorio del costo que ya habían pagado. Álvaro había jurado llevar la grabación a El Diario al día siguiente, pero la idea de esconder a Sofía en una casa segura chocaba con la determinación de su hermana. El sacrificio estaba a la vista, y Jimena sabía que no podía evitarlo. En el auto, Sofía rompió el silencio, su voz cortante como un filo. —No me encierres —dijo, mirando por la ventana—. Si usas esa carta, peleo contigo. No me sacas. —No te saco —r

