La lluvia seguía cayendo sobre la ciudad, un tamborileo constante que llenaba el penthouse mientras Lara y Ian se quedaban en la sala, el eco de su conversación con Vanessa colgando entre ellos. Lara había sentido el roce de la mano de Ian en su mejilla como un ancla, pero no podía sacudirse del todo las palabras de Vanessa: “Ian no es de los que se quedan”. Aunque él había prometido lo contrario, la duda seguía ahí, un susurro que no podía silenciar. Ian, por su parte, parecía más decidido que nunca, la furia contenida en sus ojos grises indicando que no dejaría pasar el encuentro en el parque. —Voy a hablar con ella —dijo al fin, rompiendo el silencio. Se apartó de Lara, tomando su teléfono de la mesa con un movimiento brusco. Lara frunció el ceño, sentándose en el sofá. —¿Con Vanessa?

