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Las flores amarillas entre la multitud destacaban, procuraba esconderme detrás de su color. Intentaba evitar las miradas; mientras alzaba mis manos al bajar del carrusel. Sí, me nombraron reina, aunque en realidad era la representante de mi país en Miss Universo. Escuchaba las burlas, las palabras mordaces, y aunque respondía con una enorme sonrisa de dientes blancos, trataba de no dejar que me afectara. "Estás gorda, vas a espantar a los jueces", repetían una y otra vez. Bajé la cabeza en un par de ocasiones, pero esta vez decidí mantenerla alta, sonriendo y saludando incluso cuando llegamos a mi hotel. Suspiré con mi mejor amiga y maquilladora, Ana, quien me miró con tristeza. "No debes hacerle caso a la multitud, mi amiga", murmuró con voz apesadumbrada, consciente de lo difícil que era para mí. "Lo sé, pero sabes que es difícil para mí", respondí. "Mira, las cosas no son fáciles, pero lo mejor que puedes hacer es no renunciar a tu sueño. Fuiste elegida por ser bonita, no importa tu talla", me recordó Ana. "Estoy muy orgullosa de como eres", añadió con alegría. Me quedé sola en el hotel después de que Ana saliera en busca de más maquillaje, sin saber para qué. Me enfrenté a mi reflejo en el espejo. Mis ojos azules observaban curiosos a la chica con curvas que estaba sentada frente a ellos. Con una mueca, vi cómo mis rollitos sobresalían, al igual que las lonjas de mi espalda. Los ocultaba tras la ropa, pero no importaba cuánto intentara esconderlos, siempre estaban ahí, como si gritaran que los dejara libres. Y dolía, oh sí, dolía mucho. Odiaba mi cuerpo. Aunque hubiera ganado el título de Miss Universo de mi país, aún no me agradaba. Tenía diabetes y problemas de tiroides, lo cual dificultaba enormemente mi pérdida de peso, a pesar de haber adelgazado 20 kilos, un logro para mí. Decidí dejar de mirarme al espejo para dejar de lamentarme y salí de la habitación con una sonrisa. Pronto viajaríamos a la sede donde se elige a Miss Universo. Nunca había participado en algo así y estaba bastante nerviosa. Aunque seguía una dieta estricta, eso no significaba que no comiera; había reducido las grasas y carbohidratos en mi alimentación y estaba contenta con los resultados. Había perdido muchos kilos, pero mantener esa dieta era difícil debido a mi ansiedad, lo que afectaba seriamente mi salud.
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