"Bueno, aquí está la sorpresa que les tenemos. Los jueces van a observarlos, no se sientan evaluadas, pero es una manera", dijo.
La noticia nos tomó por sorpresa, y aunque sabíamos que los jueces eventualmente nos evaluarían, la repentina aparición de Yamila generó un ambiente de nerviosismo en la sala. Mientras modelábamos, intentábamos mantener la compostura, pero el temor de ser observadas por jueces desconocidos agregaba presión a cada paso que dábamos en la pasarela.
Yamila, con su actitud segura y su mirada crítica, parecía disfrutar de la situación. Nos observaba detenidamente, tomando notas y haciendo gestos de aprobación o desaprobación. No podíamos evitar sentirnos bajo su escrutinio, y el hecho de que ella fuera modelo profesional solo intensificaba nuestra ansiedad.
Terminado el desfile, regresamos a la sala de preparación, donde reinaba un silencio incómodo. Miradas nerviosas se cruzaban entre nosotras, y las dudas sobre cómo nos habrían evaluado rondaban en el aire. La tensión aumentó cuando Yamila anunció que los jueces deliberarían y darían retroalimentación individual a cada participante.
Al cabo de un tiempo que nos pareció eterno, los jueces ingresaron uno por uno para compartir sus comentarios. Era un momento de gran expectación y aprehensión. Yamila comenzó a emitir sus opiniones de manera directa y honesta. A algunas chicas les elogiaba la actitud y la elegancia, mientras que a otras les señalaba áreas de mejora con firmeza.
Cuando llegó mi turno, sentí que el corazón latía desbocado. Yamila me miró detenidamente antes de expresar sus comentarios. Comentó sobre mi porte en la pasarela, la expresión facial y la elección del vestuario. Aunque sus palabras eran constructivas, no pude evitar sentir una presión adicional.
Al final de la sesión, los jueces agradecieron nuestra participación y se retiraron. La sala quedó en silencio nuevamente, pero esta vez estaba cargada de reflexiones personales. Cada una de nosotras procesaba las críticas y buscaba maneras de mejorar.
Los días siguientes fueron intensos. Nos sometimos a entrenamientos específicos, sesiones de maquillaje y asesoramiento personalizado. El ambiente competitivo se intensificaba, pero también fortalecía nuestra determinación.
A medida que se acercaba la fecha del evento principal, la presión aumentaba. Las prácticas se volvían más exigentes, y la competencia entre las concursantes se intensificaba. La convivencia, que antes era amigable, se tornaba un campo de batalla en el que cada una buscaba destacar.
En este torbellino de emociones, mi conexión con Rafael se volvía mi ancla. Sus mensajes de aliento y apoyo se volvieron esenciales para mantener mi confianza. A pesar de la distancia, su presencia virtual era reconfortante.
Finalmente, llegó el día del evento principal. Estábamos impecables, con trajes deslumbrantes y maquillaje impecable. La pasarela era nuestro escenario, y el público, un mar de expectativas. La música comenzó, y una a una, las concursantes desfilaron con gracia y elegancia.
Las luces brillaban intensamente, y las cámaras capturaban cada movimiento. La energía en el aire era palpable. La competencia llegaba a su punto culminante, y el destino de cada participante estaba en manos de los jueces.
Al finalizar el desfile, la tensión era evidente. Los rostros reflejaban la incertidumbre mientras esperábamos los resultados. Los jueces, con expresiones impenetrables, anunciaron a las finalistas. La emoción y la ansiedad alcanzaron su punto máximo cuando mi nombre resonó como una de las elegidas.
El escenario se llenó de aplausos, flashes y emociones encontradas. Ganar el título de Miss Universo era un logro que ni en mis sueños más ambiciosos hubiera imaginado. Las lágrimas de alegría corrían por mis mejillas mientras asimilaba la magnitud de ese momento.
En la posteridad de ese instante, entendí que la belleza no tiene una talla única. Cada una de nosotras, independientemente de nuestras formas y tallas, posee una belleza única que merece ser celebrada. Miss Universo se convirtió en la plataforma desde la cual quería inspirar a otras mujeres a abrazar su autenticidad y romper con los estándares preestablecidos.
La experiencia me enseñó que la verdadera belleza reside en la confianza, la autenticidad y el amor propio. Ser coronada Miss Universo no solo era un título, sino un compromiso con la promoción de la diversidad y la inclusión en el mundo de la belleza.
A medida que mi reinado avanzaba, trabajé incansablemente para utilizar mi plataforma en beneficio de causas sociales. Desde la lucha contra la discriminación hasta la promoción de la salud mental, cada proyecto se convirtió en un eslabón para construir un mundo más inclusivo y
Al día siguiente, desperté con una mezcla de emociones. La euforia por haber sido coronada Miss Universo seguía fresca en mi mente, pero también sentía una presión adicional. Sabía que con el título venía una gran responsabilidad, un compromiso con causas sociales y un deber de representar a mujeres de todo el mundo.
La agenda estaba repleta de compromisos: entrevistas, sesiones de fotos, eventos benéficos y reuniones con líderes de distintos ámbitos. Me sumergí en un torbellino de actividades, tratando de absorber cada momento y ser fiel a la imagen que se esperaba de mí como Miss Universo.
La jornada comenzó temprano con una entrevista televisiva en la que se exploraron temas relacionados con la belleza, la autoaceptación y la inclusión. Cada palabra que pronunciaba parecía llevar un peso mayor; quería transmitir un mensaje que trascendiera más allá de las luces de las cámaras.
Después de la entrevista, me dirigí a un evento benéfico para recaudar fondos para la educación de niños desfavorecidos. La oportunidad de marcar una diferencia en la vida de aquellos que necesitaban ayuda me inspiraba y me impulsaba a seguir adelante, a pesar del agotamiento que comenzaba a sentir.
Entre tanto ajetreo, mi mente se esforzaba por procesar el cambio repentino en mi vida. Hace tan solo unos días, mi mundo estaba conformado por sueños y expectativas. Ahora, me encontraba en un escenario global, representando a la mujer moderna y abriendo camino hacia una visión más inclusiva de la belleza.