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1162 Words
Lucía Lo siguiente es una historia ficticia. Al despertar al día siguiente, sentí una extraña mezcla de emociones que bullían dentro de mí. La tensión de los días anteriores parecía seguir latente en el aire, y cada instante se convertía en una especie de rompecabezas por resolver. Me levanté temprano, más por inercia que por el deseo de comenzar el día. La atmósfera del certamen parecía cargada de expectativas, pero mi mente estaba ocupada por otros asuntos. Mis compañeras, especialmente Mariel y Camila, habían estado algo reservadas desde la noche anterior. Susurros y miradas fugaces sugerían un conflicto, pero nadie parecía dispuesto a abordarlo. Decidí tomar un respiro y dirigirme hacia el jardín. El sol matutino acariciaba el lugar, otorgándole una atmósfera de calma que contrastaba con el bullicio del certamen. Me senté en un banco, intentando ordenar mis pensamientos mientras observaba las flores que adornaban el paisaje. Sin embargo, mi mente se desviaba constantemente hacia lo que había sucedido entre mis amigas la noche anterior. No podía dejar de pensar en la tensión palpable entre ellas. ¿Qué habría sucedido? Era evidente que algo las había perturbado profundamente, y yo me sentía atrapada en medio de su conflicto. La lealtad a mis amigas me mantenía en una especie de limbo emocional, sin saber si debía intervenir o darles espacio para resolverlo por sí mismas. Mientras me perdía en mis cavilaciones, mis pensamientos se desviaron hacia algo que me sorprendió: el chico del servicio de limpieza, Daniel. Era difícil de explicar, pero algo en su manera de ser, su discreción y amabilidad, me había cautivado. Recordaba la breve conversación que habíamos mantenido la tarde anterior y cómo su presencia había logrado relajarme en medio del caos del certamen. De repente, una voz interrumpió mis reflexiones. Era Mariel, con una expresión preocupada en su rostro. Intenté disimular mi desconcierto, pero sabía que algo no estaba bien. "¿Estás bien, Lucía?" preguntó, con una mezcla de ansiedad y curiosidad en su voz. "Estoy bien, solo un poco distraída", respondí tratando de sonar convincente. Sin embargo, Mariel no parecía convencida. Se sentó a mi lado y me miró fijamente, como si pudiera leer mis pensamientos. "Llevas todo el día muy callada, y no parece solo distracción", señaló con preocupación. "¿Pasa algo entre tú y Camila?" Su pregunta directa me tomó por sorpresa. ¿Debía confiarle mis pensamientos sobre Daniel? Mis emociones parecían un laberinto y compartirlo podría complicar las cosas aún más. "No, nada entre Camila y yo", contesté evasivamente. "Simplemente, estoy reflexionando sobre algunas cosas." Mariel asintió con comprensión, pero su mirada seguía inquisitiva. "Bueno, si necesitas hablar, sabes dónde encontrarme", dijo, y se levantó para irse. Una vez más, me quedé sola, sumida en mis propios pensamientos. Me preguntaba si debería confiar en Mariel y compartir mis sentimientos sobre Daniel. La posibilidad de que él despertara en mí algo más que amabilidad y curiosidad me desconcertaba. La incertidumbre sobre cómo abordar estos sentimientos sin afectar la amistad con mis compañeras me atormentaba. La sensación de estar atrapada en un laberinto emocional me hacía desear encontrar una salida, aunque no sabía si estaba lista para afrontar lo que encontraría al otro lado. Camila El día siguiente se desplegó ante nosotros como un lienzo en blanco, listo para ser llenado con los eventos del certamen. La atmósfera era efervescente, y aunque intentaba concentrarme en el desfile y las actividades programadas, la tensión que persistía entre mis amigas y yo amenazaba con socavar el espíritu festivo del evento. Nos dirigimos al gimnasio para la sesión matutina de ejercicios. Mientras me colocaba mis zapatillas y ajustaba mi ropa deportiva, no podía evitar notar la mirada de Lucía, cargada de pensamientos no expresados. La noche anterior, algo entre nosotras se había resquebrajado, pero ninguna de las dos parecía dispuesta a abordarlo directamente. Mariel, por su parte, estaba concentrada en su propio mundo. Aunque su rostro mostraba cierta preocupación, se esforzaba por mantener el ánimo y el enfoque en la competencia. Era evidente que la tensión estaba afectando a nuestro grupo de amigas, pero no sabía cómo romper el hielo. La rutina en el gimnasio comenzó, y nos sumergimos en los ejercicios designados para mantenernos en forma y preparadas para el desfile. Pero, en medio de las flexiones y los estiramientos, mi mente divagaba hacia la situación incómoda con Lucía. Finalmente, decidí abordar el elefante en la habitación. Nos encontrábamos en una pausa entre ejercicios, y me acerqué a Lucía con determinación. "Lucía, necesitamos hablar", expresé con franqueza. Ella levantó la vista, sus ojos mostrando una mezcla de sorpresa y alivio. Asintió con cautela, indicando que estaba dispuesta a abordar el tema. "Lo siento si te he hecho sentir incómoda o molesta", continué. "No quiero que nada interfiera en nuestra amistad, especialmente durante el certamen." Lucía suspiró, como liberando una carga. "No tienes la culpa, Camila. Creo que todos estamos bajo mucha presión y eso ha afectado nuestras interacciones." Asentí, comprendiendo su perspectiva. La competencia estaba generando una tensión palpable entre nosotras, y era crucial abordar esos problemas para preservar nuestra amistad. "Si hay algo específico que necesitamos aclarar, hagámoslo ahora", propuse, dispuesta a enfrentar cualquier desafío que se presentara. Lucía miró a su alrededor, asegurándose de que nadie más estuviera cerca para escuchar nuestra conversación. "Es sobre Rafael, ¿verdad?" Mis cejas se alzaron en sorpresa. No esperaba que la tensión entre nosotras estuviera relacionada con él, pero parecía ser el caso. "¿Rafael? ¿Qué tiene que ver él en todo esto?" pregunté, intentando comprender la conexión. Lucía exhaló lentamente. "Anoche, cuando te fuiste con él a bailar, sentí como si me dejaras de lado. Pero luego, cuando volviste, pude notar que él te importa más de lo que estás dispuesta a admitir." Me quedé sin palabras por un momento, procesando sus palabras. La situación era más compleja de lo que imaginaba. Aunque nunca había considerado a Rafael de esa manera, la idea de que nuestras interacciones pudieran interpretarse de esa forma me desconcertaba. "No es así, Lucía", respondí con sinceridad. "Rafael es solo un amigo y no quiero que afecte nuestra amistad." Ella asintió, como si estuviera dispuesta a aceptar mi explicación. "Entiendo, Camila. Tal vez necesitamos ser más transparentes entre nosotras para evitar malentendidos." Asentí, agradecida de que estuviéramos abordando el problema. Aunque la tensión no desaparecería de la noche a la mañana, al menos habíamos dado el primer paso hacia una comprensión mutua. Después de la conversación en el gimnasio, nos dirigimos hacia la siguiente actividad del certamen, sintiendo un peso menos en nuestros hombros. La competencia continuaba, pero, al menos entre nosotras, la complicidad y la honestidad comenzaban a abrir camino hacia una resolución más clara. Luego de la intensa conversación con Lucía en el gimnasio, el resto de la mañana transcurrió entre los preparativos para el desfile y las actividades programadas. La tensión entre nosotras había disminuido ligeramente, pero aún se sentía una leve incomodidad en el ambiente.
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