Los señores me sonríen y se ven él uno al otro. —Bueno, si logras que nuestros hijos cambien su actitud, te prometemos aumentar tu sueldo y puedas pagar tus estudios ¿Qué dices? —menciona el señor Matías. —Que son muy buenos jefes—digo emocionada. —Trato hecho, bueno regresemos todos a nuestras labores—menciona el señor Matías poniéndose de pie para luego tomar su portafolio. También me pongo de pie, después solo digo con permiso y me voy hacia las recámaras de los pequeños. *Horas después* Veo a mi reloj y son las tres de la tarde justo termino de recoger el desastre de todos y después bajo y me dirijo hacía el jardín donde veo bajar a todos del coche y entrar a la casa. Me dirijo a sus recámaras, donde veo como arrojan las mochilas al suelo. —Un momento, desde hoy quiero que las

