Capítulo 1 - Dentro de mi soledad.

1997 Words
Otra vez había despertado en mi cama con un hombre a mi lado. La promiscuidad me había sumergido en un agujero donde solo existía el sexo, sin embargo, podría decir que, gracias a mi carecimiento de responsabilidad afectiva, he logrado cosas que la Mónica del pasado nunca se hubiera imaginado. ¿Quién diría que pasé de ser una simple universitaria común a una modelo reconocida? Aún recuerdo esa noche que me encontraba en una de mis escapadas nocturnas. Había tomado mucho y puedo agregar que también me había drogado con algunas líneas, no obstante, el sexo fue genuino y consensuado, pero no solo eso es lo único que puedo destacar de aquel día. Ese día fue en el que mi vida cambió. Acostarme con el dueño de la mejor agencia de modelaje del país no fue una casualidad. Eso fue como un golpe de suerte. Podría jurar que Dios pensó «Mónica tiene mucho tiempo hirviéndome las pelotas por un golpe de suerte» siempre veía por el golpe de suerte de los demás y pedía a gritos el mío. Y llegó. Está aquí. Tengo la vida que siempre desee. Auto del año, departamento de soltera que es más grande que cualquier departamento familiar, fama, estabilidad económica y todo lo que influye en una vida cómoda y pacífica. Aunque, haré énfasis en qué no todo es tan dulce como huele, quizás te sientas engañado como la vainilla engañó a todos. Cuando te sumerges en este mundo te das cuenta de que las cosas no es como huelen, sino, cómo saben. Es decir, este mundo es solo una careta, que duele tener que despegar y volver a estampar contra mi cara. Reconozco que tengo lo que un civil quisiera, pero yo quiero algo que una persona común tiene. ¿Qué será? Me preguntó y quizás tú por igual. No es tan sencillo cuando tienes todo, pero aun así te sientes vacío. Podría explicar ese vacío como una llanta sin aire o un sándwich sin queso y jamón. También podría considerar agregar un globo sin helio. Lo que sucede conmigo es que, siento una atracción s****l tan intensa con alguien, que cuando consigo eso que logra inyectarme placer y quizás algo de felicidad momentánea, me aburro; lo desecho como basura, lo olvido como si fuera algo insignificante y no. No solo los hombres utilizan a las mujeres, y eso no lo entendía hasta que yo lo viví. Hasta que yo me volví la persona que usa al otro. Suena tan chistoso, porque los hombres alardean de que las mujeres no suelen usarlos, pero sí, si sucede. Más de lo que ellos se puedan llegar a imaginar. El problema es que, lo único que ellos pueden aportar a mi vida es un placer momentáneo, una felicidad pasajera, una penetración que me genera un gemido bestial y que al otro día solo serás uno más en mi lista. Suena rudo, lo sé. Suena descarado, lo sé, pero lo que el hombre no comprende es que, las mujeres no solo buscamos dinero en ellos, porque yo tengo el mío y a veces no sé qué hacer con él. Hasta me gustaría que comprara lo que tanto me hace falta y es… Sentir amor. Me encontraba saliendo de una sesión de foto para la marca NIKE, estaba agotada y un poco cansada de los maquillajes, los vestuarios etc. Quería pasar a visitar a mi familia, desde que mi golpe de suerte hizo presencia, no los veo desde hace unos meses. Revisé mi agenda y le dije a mi chofer sobre mis planes. Solo le quedó acatar sin rechistar. El problema con Ricardo, mi chofer, es que se la pasa preocupado porque he despedido a todos mis guardaespaldas. Sentía que, no hacían bien su trabajo y que tenía ese puesto por la cantidad exorbitante que cobraban. Me vi envuelta en robos y en casi secuestros por su descuido. No es justificación, pasa rescindir de un servicio de cuidado como ese, pero eso no está en mi mente ahora. — Entonces, Señora Mónica, ¿Siempre iremos a casa de sus padres? —preguntó, mirando mi reflejo por el retrovisor. Solo asentí y me limité a musitar una pequeña sílaba. A él no le gustaba llevarme a casa de mis padres porque consideraba que ese ambiente o barrio, no era el adecuado para una persona como yo. ¿Acaso olvida que ahí crecí? Aunque, tampoco era simplemente ese detalle de la ubicación, existía el detalle de que la relación con mi padre no era la mejor. Existían disputas y riñas entre nosotros, a pesar de que yo les he intentado brindar lo mejor. Algo que tengo que reconocer es que mi padre es más orgulloso de lo que pensé. Muchas veces les ofrecí mudarlos de ese pequeño barrio y siempre se negó. A pesar de su rotunda decisión, nunca quité esa posibilidad de la mesa. Siempre he Sido abierta con que si necesitaban lo que sea, yo me encargaría de ello. Al llegar a la casa, abracé a mi madre y luego a los demás integrantes. Hice contacto visual con mi progenitor y solo aventó un suspiro. Reconozco esa cara y ese ceño fruncido, creo que no tarda para decirme: — ¿Otra vez sola? —preguntó, con Afán de molestar. No logro causar incomodidad en mí, pero reconozco que es cierto su comentario. — No le hagas caso, sabes cómo es —comentó, mi madre —. Pensé que no vendrías, últimamente estabas ocupaba y casi no me llamas. — Tienes razón, pero te prometo sacar tiempo para eso, en serio —sonreí y saqué mi carrera—. Te traje el dinero de cada mes, ahí están de los meses que no estuve tan pendiente. — No queremos tus limosnas. Ese fue mi padre. Volví a hacer contacto visual. — No es ninguna limosna —reprendí—. Lo hago de corazón. Él solo aventó un gruñido por lo bajo y se quedó así. Mi mamá me llevó hasta el balcón para hablar más en privado las dos. Sabía que ella le tenía un poco de miedo y consideración, pero admito que llegué a pensar que eso había cambiado. — Tenle paciencia. ¿Cuánta más? — Ha tenido mucho trabajo y problemas. Ya sabes cómo es con eso de seas modelo y que no tengas esposo. — Soy feliz así —me limité a decir, arreglando mi cabello. — Sí, pero estás sola, hija —recordó—. No tienes ni gatos y pensé que te gustaban. Sí me gustan, me encantan, sin embargo, con el estilo de vida que llevo, no puedo darme el lujo de tener esa responsabilidad más. — Trabajo mucho, el gato moriría por falta de atención. — Mónica, te admiro y me gustaría que comprendieras y ayudarás más a la familia. Pensé que ese dicho de «Por más que hagas, la familia nunca será conforme.» y es totalmente cierto. — Hago lo que puedo. Ustedes solo se basan en qué uno debe tener una familia para ser feliz, pero eso no es así. — Así debe de ser. — No, así te enseñaron a ti; Mamá, soy feliz dentro de mi soledad. ¿Qué más quieres que haga? He intentado de todo para que seas feliz y…no es suficiente. — Ayuda a tu hermana, ¿Sí? Solo eso te voy a pedir —limpio su cara con tristeza—. Solo deja el orgullo y aprende a perdonar. No quería hablar de ese tema tan agrío. Es fácil solo hacer énfasis en qué perdonar es la clave del éxito. Cuando soy la viva imagen de que no. Lo que pasó con mi hermana no es algo que he podido olvidar, han pasado años desde que…Emilia ya no está, sé que debo también asimilar que solo fue un accidente. — Ya me tengo que ir. — Aún es temprano, quédate a cenar. — No podré, mi chofer me espera, además, no tengo guardaespaldas —comente, acercándome a las escaleras. Ella hizo un gesto incómodo, me miró y tiro su veneno como siempre. — Seguro te acostaste con todos, ¿No? —eso sonó rudo e insensible, sin embargo, he desarrollado lo que es la sinvergüencería. — Sí, todos me aburrieron —me límite a decir con crudeza—. Qué estés bien, prometo llamarte. Así fue como esa visita terminó en escuchar un comentario tan real como ese. No he confesado ese detalle, pero ciertamente me aburrí de cada uno de ellos. ¿Es necesario mencionar que eran 4? Pues cada uno cayó con un simple guiño de ojo sin sentido y una sonrisa más falsa que mis tetas. Lo fácil aburre de inmediato, necesito retos y no laborales porque ya los tengo. Necesito un reto disfrazado de hombre. Al llegar a mi departamento, me sentía cansada, quizás no había hecho mucho como los días anteriores. Me di una ducha y luego encendí un cigarrillo, me gustaba contarle el sentimiento de vacío que tengo, creo que lo entendía, simplemente, no puede opinar. Es un cigarro. Al escuchar el timbre, me pregunté quién sería a está hora. Lo vi, era él, Carlos, mi jefe. — Sé que no esperabas mi visita —sonrió un poco. — Nunca lo hago —lo invité a pasar, pero a sus guardaespaldas los dejé afuera. — Siempre tan directa, Mónica. Rodé los ojos y me cruce de brazos. Esperaba que terminara su plática, quiero fumar en paz. Intento quitarme el cigarro, pero lo evité. — Debes dejar esa porquería. — No me hagas reír —reprendí y me alejé—. ¿A qué viniste? ¿Sexo? Salgamos de esto. Lanzó un suspiro por lo bajo y me miró con seriedad. — Sabes que no te quiero solo para eso —comentó—. Mañana te presentaré a tu nuevo guardaespaldas. — ¿Desde cuándo decides sobre mi vida? — ¿Acaso no comprendes que puedes estar en peligro en cualquier momento? —preguntó con un tono más alto—. Tu seguridad me importa, procuré que sea diferente al resto. — Bueno, pasaré mañana por tu oficina y me lo presentas. Me acerqué hasta la puerta, básicamente le estaba pidiendo que se retiré sin sonar grosera. — Bueno bueno —lanzo una carcajada, mientras se quitaba el saco—. Tampoco me puedo ir sin… Cerré la puerta y coloque el cigarro en el cenicero en la mesa de entrada. — Bien —dije—. Hagamos esto rápido. — ¿Por qué? — Porque tengo mucho trabajo. — Mmm…¿No será que ya te he aburrido? —dijo, sin más con una sonrisa coqueta. — Sí, que bueno que lo sabes. Volvió a reír con ganas, tomándome de la cintura con delicadeza y esbozando una sonrisa llena de perversión. Carlos sabía que lo que me gustaba, pero con el tiempo, ya he probado su estrategia para follarme, digamos que sí, estoy aburrida de sus manos, sus gemidos y su pene que tiene que subirlo con algún estimulante porque en su tiempo pasado era un drogadicto. Lástima, es el hombre que cualquier mujer quisiera. El punto es que, yo no soy cualquier mujer. Un par de besos y caricias hicieron presencia en la sala. Aun así, tanto toqueteo se destruyó en segundos cuando baje mi mano hacia su entrepierna y, lastimosamente, es un hombre incompleto. — Lástima —suspiré con una sonrisa, jocosa—. Y tan prendida que estaba. Mentí. — Ya soy rico, no lo puedo tener todo en la vida —dijo, justificando su problema con su m*****o. — Vete a casa, deja de humillarte conmigo. Esbozo una pequeña sonrisa, no se veía avergonzado. — Déjame mostrarte que para mí eres más que mi mejor modelo. Suspiré e hice contacto visual. — Gracias, pero ya te he demostrado que para mí solo eres uno más en mi miserable lista de pruebas. Así corte este ambiente inútil llamado «corresponde mi amor por ti»
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