―Los hay peores ―le restó importancia Lorena. Mi amiga no lo entendía, no comprendía el centro de mi agitación. No fue por el regaño, no me comería las uñas solo por ser amonestada. ―Puede… Le resté importancia y me encogí tras un largo suspiro. No quería que solucionara mi aflicción, así que, de lengua hacia fuera, acepté que pudo ser mucho peor, que la clase del profesor Logan no fue tan mala, que no pareció molesto conmigo durante las dos horas restantes, que no me miró cada vez que pudo, que no me repasó con cierta inquina. Era verdad, su rostro no era tan expresivo para dilucidar su molestia, no obstante, pude palparlo, pude sentirlo a través de los metros que nos separaban. Tras el desliz que hizo que me amonestara junto a David, guardé silencio y traté de poner atención, aun as

