El fuego revoloteó por mi cuerpo, convirtió en lava volcánica mi sangre, mi sexo se cerró y soterró mi dedo que se metió más hondo, hasta hallar un punto que hizo que todo alrededor se diluyera, que mi cuerpo estallara como volcán en erupción. El olor afrutado colmó mis fosas nasales, los gemidos acariciaron mis tímpanos, mi piel caliente, sudada y empapada de algo más…, mi boca abierta por donde respiré, y mi cuerpo desmadejado sobre el suelo, con las rodillas encogidas y cerradas, con una mano entre las piernas y la otra todavía en el pecho. Por un segundo, no escuché más que mi respiración tumultuosa. Cerré los párpados, aun con los ojos sin enfocar del todo bien y me concentré en recomponerme después de tener el orgasmo más devastador de toda la vida, aunque quizá era ir muy lejos s

