Miré las prendas sobre mi cama, extendidas. Apreté el brazo a la anudada toalla que llevaba alrededor de los pechos y cubría mi desnudez. Negué con la cabeza y me senté frente al pequeño tocador para secarme el cabello. Oteé las prendas de soslayo y sopesé las palabras de Lorena. «―Puedes usarlo todo el día. En realidad, es más cómodo de lo que parece. E incluso se lo puedes modelar al cliente después. La verdad es que casi no lo he usado, no es mi estilo, como comprenderás. Lo compré en un arranque. Lo vi en el aparador, me pareció bonito y después estaba en mi armario, sin que supiera bien cómo llevarlo. La verdad es que mi estilo es muy diferente, prefiero algo más atrevido y…» Asentí, aunque no comprendí del todo su diatriba en la que me bombardeó con información de dudosa utilidad.

