La vena en su sien derecha saltó y su boca aplanada no abjuró nada bueno. ―¿Terminaste? Me mordí los labios, mis ánimos cayeron al piso, la timidez y mi naturaleza más sumisa resurgió de las cenizas, donde la aprehensión la soterró. Su ceja se alzó y aguardó dos segundos para ver si seguía con mi verborrea. ―Nunca he insinuado que no seas una persona, Niki ―siseó mi nombre. El cuerpo se me debilitó y bajé más la cabeza. Era la primera vez que me llamaba por mi nombre y lamenté que fuera en una discusión. ―Jamás me atrevería a verte como algo menos que una persona, pero también eres mi novilla, ¿verdad? ―recalcó entre los dientes, molesto. No, no estaba molesto, estaba furioso. Tragué la bilis que me subió por el esófago. No me gustó su mirada intensa. ―No ofrecí dinero porque quie

