Dos lágrimas cayeron por mis mejillas y lo saqué de mi boca, brillante y cubierto de mi saliva para encerrarlo entre mis senos. ―En fin, si la asiática viene por tu carta, sé inteligente, Logan, no seas tan estirado y dile que sí, seguro su coñito está para mojar el churro ―se mofó el otro profesor. La silla rechinó cuando se levantó. ―Hablamos después, tengo que ir con mi mujer. Juro que voy a pensar en la asiática cuando se la meta, pero bueno, al menos mi mujer tiene un buen culo y al girarla le puedo azotar su trasero prieto hasta que la muy zorra se corre. Se rio por lo alto y se despidió de Alistair, que apenas respondió. La puerta se cerró. Gruñó por lo bajo y le dio un golpe al escritorio, furioso por las palabras del otro. ―Tranquilo ―susurré y me moví con más prisa―. Es so

