Me tapé la boca para no gritar de la emoción, del intenso placer que me produjo su cálida y húmeda boca varonil que absorbió mi leche con placer, uno diferente, uno que adormeció mi mente y disparó la estática en mi piel para erizarla por completo. Sus labios chuparon con regocijo, sus manos apresándome desde la espalda y cadera para que no me moviera. Sus ojos entrecerrados, perdidos en la rojez de mi cuello, en mis labios entreabiertos de donde salieron suspiros, jadeos y lamentos. Me apreté contra su dureza, pero él no se movió y, al contrario, me inmovilizó, como si quisiera que solo su boca me enloqueciera. Y lo estaba haciendo, me estaba quemando con sus labios, con sus largas succiones en las que se bebió directo de mis mamas, como tanto soñé. Me desconecté de la realidad, lo tom

