―No debí hacerlo, no debí permitir que lo hiciéramos aquí, donde podías vernos ―su voz descendió varias octavas―. Yo… Solo venía por algo de ropa, quiero decir, no planeaba quedarme, quería volver con ellos… Mis ojos se abrieron al comprender la realidad, su realidad. No había largas jornadas de trabajo, ¿verdad? Era evidente, aun así, preferí creerle. ―Ellos… ―Sus mejillas se volvieron rojas como dos manzanas maduras―. Yo… estoy enamorada de ambos. Quizá comenzó cuando Dan se embebió mis tetas, cuando fue tan respetuoso que algo en mi interior se agitó, y cuando nos reencontramos y Sofía quiso jugar conmigo… No lo sé, simplemente quedé prendada de ambos. Encogió los hombros, sus ojos en la unión de nuestras manos. Callé, de cualquier manera, ¿qué podía decir? ―Ellos me contactaron dí

