Seis horas después, 3:30 pm… Nathan y Sabrina se habían quedado como por cuatro horas consecutivas allí en la sala. El mueble y todos los objetos eran los únicos testigos de aquellas embestidas que el rubio le estaba proporcionando a aquella jovencita, que a pesar de haber llevado apenas seis horas de castigo ya su cuerpo no resistía más. Sabrina estaba enrojecida, sudada y bien agotada, porque no sabía la bestia a quien le había pedido castigo. Sin embargo, Nathan tenía mucha más resistencia y no se cansaba mucho debido a que siempre se ejercitaba y a su vez, tenía ya una década practicando ese tipo de sexo. Aunque, con Sabrina, estaba hecho un demonio, debido a que la jovencita un tanto pervertida lo excitaba a niveles que él jamás se imaginó sentir. El cuerpo de la chica, más el contro

