Prólogo

1794 Words
Irak, 15:00horas El perímetro se mantenía desolado. Los soldados estaban atentos a cualquier percance que se les presentara. El pelotón número veinticinco estaba al oeste de la posición, contaba con ciento cuarenta y cuatro militares dispuestos a dar su vida por el sentido de esta guerra sin fin. Muchos de los hombres tenían una familia por la cual estaban dispuestos a volver con vida; algunos tenían a sus mujeres embarazadas y querían conocer a sus futuros hijos y otros para volver a ver sus padres, pero cada uno tenía un propósito para regresar con vida de la guerra. El teniente coronel Richard Styles, tenía dos propósito por el cual volver con vida. El primero, estar junto a su hijo Benjamín (tenía en mente el miedo y la incertidumbre de no quererlo dejar solo. Que no lo olvidara; ya que a su edad hay un alto porcentaje de probabilidad de que al pasar los años lo olvidara). Su otro propósito es regresar con el amor de su vida, su Paul. En el dorso de su mano reposaba una pequeña cajita de terciopelo. Ahí guarda con fuerza aquel anillo del cual los comprometería. Y tenía que regresar para poder entregárselo. La sola imagen de observarlo a sus hermosos ojos y pedirle que se casara con él, hacía que sus ansias de regresar sano y salvo fuesen más extremas. Cuando conoció a Paul, su pareja, se había fijado que con ninguna mujer sentía la necesidad de permanecer a su lado como lo es con él. Y recordar que antes de «él» fue un soso engreído homofóbico. ...lo que haces mal, con el tiempo se paga. Esta no sería una «guerra justa» ya que no se puede emprender una guerra en virtud de la democracia, el capitalismo, o cualquier otro tipo de razones que no sean estrictamente humanitarias. Finalmente, Irak se encuentra otra vez bajo fuego americano tras la decisión del presidente electo en bombardear puntos de concentración del Estado Islámico. Lo que demuestra que cualquier intención para avanzar hacía el arreglo de los problemas sociales y políticos de la zona, en los que Estados Unidos ha tenido una gran influencia, estará plagado de obstáculos. Y, mientras el petróleo siga teniendo poder estratégico, Irak y Estados Unidos seguirán involucrados en una guerra sin fin. Sin embargo, al teniente coronel eso no le tenía distraído del todo. Pues sonreía imaginando la firma que los uniría en cuerpo y alma, y no es precisamente en el acto s****l sino en imaginar en ser maridos. Richard sabía muy bien la joya que tenía como novio y no estaba dispuesto a dejarlo escapar tan fácilmente. Según sus suposiciones el matrimonio sería una de las estrategias que lo ayudaría a mantener a su lado. Porque Paul era suyo, y estaría dispuesto a dar todo por estar con él… pero ¿A qué le temía realmente el teniente coronel Richard Styles? Richard ha vivido numerosas situaciones que prefiere olvidarlo del todo. No obstante, de todos sus criterios y escrúpulos reside el temor general de la soledad y ser… olvidado. Sin poder esperárselo una explosión surgió cerca de ellos. En menos de un parpadeo, todos sus pensamientos, creencias y anhelos se vieron estridentemente interrumpidos. Sus ojos lograron captar todo en cámara lenta. Prontamente todos comenzaron a disparar al lugar donde provino el arma antitanque. Percibe que algunos murieron cuando el arma del antitanque exploto cerca de ellos y, otros del grupo que estuvieron cerca, quedaron aturdidos ante la detonación. Un grupo de la derecha disparan manteniendo (he intentado) la calma cuando de la misma manera recibían los disparos. La lluvia de disparos no cesaba y del mismo modo sucedía con la impotencia e impertinencia que sentían los guerreros. Styles, al ver que su numérico grupo se va desmoronando. Dispuso con su vida seguir disparando. Liquida algunos cuantos, que se mantenían ocultos en las hebras de los árboles. El frondoso bosque era uno de los mayores obstáculos para poder combatir, todo se sentía irrelevante. Muchos pies golpeaban y pisoteaban las rocas que se cruzaban en su camino. A él lo educaran para que su misión fuese: 1.      Preservar la paz, la seguridad y la defensa de los Estados Unidos, sus posesiones y sus áreas ocupadas. 2.      Apoyar las políticas nacionales. 3.      Realización de objetivos nacionales. 4.      Superar cualquier nación responsable de actos agresivos que ponen en peligro la paz y seguridad de los Estados Unidos. Pero en este momento sentían que estaban perdiendo la guerra junto a la batalla. No sabían cómo podían ser tan audaces. Los pocos que seguían con vida intentaban percudir la voz de su teniente coronel para que abandonaran el perímetro. Sin embargo, esté todavía no se escuchaba. Uno de los que estaba cerca del teniente coronel le auxiliaba, disparando con la escopeta. Las unidades de combate son complementadas con una variedad de armas especializadas. Una de las balas logra incrustarse en la pierna derecha del teniente coronel. Gime del dolor. Aprieta con sus dientes sus labios. Suelta una sonora maldición que alerta al equipo de combate. Los hombres que seguían con vida se acercan a Richard. Le preguntan con gritos que si se encontraba bien. Styles afirma como puede. Realmente no sentía mucho dolor acusa la bala; ya que estaban fuertemente entrenados por la academia West Point. —¡RETIRADA! —masculle como puede Richard por el radio portátil. El hombre que estaba a su lado le brinda con rapidez apoyo. Pues a Styles se le dificulta poder caminar por el disparo en su rodilla. Ambos con agiles movimiento descienden del perímetro donde anteriormente estuvieron esperando a sus atacantes. Richard sin poder creerlo observa su entorno hallando a sus hombres muertos. Muchos de ellos, con sus rostros irreconocibles y, sin alguna extremidad del cuerpo. Siente un terrible vacío por dentro. Ha fallado. —Todos ellos tenían un propósito por el cual volver con vida —hace un silencio doloroso—.  Yo no fui lo suficientemente perspicaz para fijarme de los atacantes —habla con dificultad Richard. No se permite llorar ni mostrar debilidad ante sus hombres y mucho menos estando cerca los agresores. —¡No tienes la culpa! —Exclama el hombre que sostenía con su brazo enredado por el hombro de Richard manteniéndolo de pie— ¡todos tuvimos la jodida culpa! ¡Nosotros regresaremos con vida! —vuelve a exclamar. Los demás miembros del pelotón se acercan para esconderse en unas inmensas rocas. Donde estaban recostados el rubio y el teniente coronel. —¿Qué tan grabe es la herida? —pregunta un hombres de color. No pierde de vista toda la naturaleza. —Le dieron en la rodilla —habla el mismo hombre que auxilio a Richard. —¡j***r! —articula. Richard cuenta solo siete hombres que aún siguen con vida a su lado. —¡Tenemos que comunicarnos con las tropas! —tercia un hombre de cabello rubio con una larga cicatriz en el pómulo derecho. —¡No funciona! —Protesta otro de los hombres que sostiene el radio portátil—; Seguro Cannol, fue uno de los muertos por la bazuca —todos estaban perdiendo la paciencia—: ¡De lo contrario las radios portátiles estuvieran funcionando! —Quería pedirle matrimonio —susurra Richard sacando la cajita de terciopelo. Los presentes quedan en total silencio al haber escuchado la pronunciación de su teniente coronel. El rubio que le ayudo no pudo contenerse. Con el dorso de la mano derecha palpa el hombro de Richard confortándolo para seguir con vida y así cumpla la intención. —No es «quería» —indica—: Es «voy a regresar de este maldito infierno con mi chico y pedirle que se case conmigo». Tendrán una noche ardiente de mucho sexo y luego se casaran. Eso harás. Richard asiente. Un poco más positivo que antes al escuchar las palabras de su compañero. Guarda de nuevo la cajita de terciopelo con sumo cuidado en el bolsillo de donde lo había extraído. —¿Por qué la traes contigo? —consulta otro de los hombres. Richard confiesa sin vacilar: —Porque me mantiene con fuerza en este momento. Todos intentan permanecer en calma por unos minutos. Que poco duro. Un disparo silencioso es descendido acertando en la cabeza de uno de los hombres. Con rapidez se alertan. El hombre cae en el vacío del terreno sin vida. Richard observo como el cuerpo del hombre caía, su corazón galopea con potencia. Con un rápido movimiento toma su rifle comenzando a disparar a uno de los iraquís que se acercaba. Le da en la pierna dejándolo caer y luego en la cabeza quitándole la vida. Había hecho esto tantas veces que no se inmutaba en lo absoluto. De lo único que no creía es la masacre que estaba viviendo en este momento. Sin poder impedirlo uno de los iraquís dispara en su otra rodilla haciéndolo caer por completo al suelo. Balbucea quejumbroso; aun así, sigue disparando matando al hombre que le había agredido. Gira viendo a su compañero, este golpea con la punta del arma a uno de los iraquís. Pero sin esperarlo ninguno de los dos, otro hombre dispara en la nuca del rubio haciéndolo ver rojizo.  Nota como su compañero sonríe con dificultad hacia Richard alentándolo. —Sigue con vida... —cayendo al suelo sin vida. Richard grita fuertemente. Todo se escucha como ecos lejanos. No puede soportar la pérdida de su amigo. Con furia dispara a los cinco atacantes que estaban en su frente. Acierta a tres de ellos. Se sentía exhausto. Llevaban más de cinco horas en una guerra. No había bebido nada de agua y se sucumbía de sed. De ningún modo pensaron que los iban atacar y que estarían desprevenidos. Otra bala roza el costado de su abdomen. Maldice. Otro más roza su pie. Los iraquís, al notar lo débil que estaba el último hombre que seguía con vida se acercan prorrumpir entre ambos: —هل تعذبوه قبل قتله؟ (¿Lo torturamos antes de matarlo?)—el otro niega ante las palabras de su acompañante. —علينا أن نقتل! أمرنا رئيسه لنا للقضاء على الجميع (¡Tenemos que matarlo! ¡Nuestro jefe nos ordenó eliminar a todos, sin excepción!). Richard no lograba entender absolutamente nada. Percibía su final. Un final bastante humillante y deshonrado. Antes de sentir una última bala, a su mente lleva un efímero pero significativo tiempo junto a su Paul.   ... —Amor —Paul gira la cabeza para observar a Richard. Están en el mueble de su departamento. Su cabeza esta posada en el pecho cubierto por algunos tatuajes extraordinarios. Su musculatura resalta como siempre lo ha hecho. Sus dinámicos músculos que hurgan a carcomer y absorber—. Siempre serás mío ¿cierto? —le presta atención inquieto, es obvia la consulta que le hace Richard a su novio. —Claro que sí —afirma— ¿por qué lo cuestionas? —toma la fisonomía con sus excelsas manos. Deja algunos besos en él. Se carcajeó al sentir su vello de tres plazos. Forja cosquilleos en el mentón—, ¡basta! —chilla ruborizado. Lo observa firmemente. Como si su amor solo lo pudiera transmitir con confianza través de sus ojos. —Te amo. Me haces el hombre más feliz y pedante del universo... ¿Sabes por qué? —Niega divertido aun echado en su ardiente pecho—: Porque este amor durara por muchos años más. —¿Lo prometes? —Testifica con su cabeza—, ¿por él dedo? —se mofa jovial, sin embargo, aun así, lo testifica nuevamente. —Por el dedo.   
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