Mackenzie bajó del auto, la lluvia seguía cayendo, estaba furiosa, Andrew iba detrás de ella, tratando de alcanzarla, abrió la puerta y él la regresó sujetando su brazo —¡Escúchame! —¡Suéltame! —manoteó, casi golpeándolo—. ¡Estás loco! Hablas de ser muy íntegro y respetuoso, pero hiciste una escena, ¡Me tienes cansada! —¡¿Qué sucede?! —la voz de Jenna los volvió a la realidad, Mackenzie la miró de pronto—. ¿De dónde vienen? —¡Qué te lo explique el idiota ese! —espetó, sorprendiendo, subió las escaleras porque Andrew ya la seguía exigiéndole respeto. Pero, Jenna lo detuvo —¡Déjala ir! ¿De dónde vienen? ¿Por qué salieron sin mí? —¡Déjame en paz, Jenna! —¿¡Por qué me gritas así!? —exclamó con los ojos llorosos —¿Acaso no tienes otros asuntos que atender? —¿Desde cuándo has dejado de

