Amor a primera vista
Juan José
Espero un par de minutos a la secretaria que entro a la oficina de Catalina hasta que ella sale nuevamente
—La señorita Catalina lo atenderá en unos minutos joven, se encuentra resolviendo un asunto primordial, pero si quiere puede sentarse acá y en unos minutos lo hará llamar — me dice la mujer con una sonrisa en la cara
—Gracias —le respondo amablemente y me dispongo a esperar sorprendido de que la mujer haya aceptado verme, yo me hubiera mandado al carajo realmente.
Minutos después sale Carlos y me dice que puedo pasar y que nos esperan en la sala de juntas para la reunión y se retira dejándome la puerta entreabierta, con mi mano empujo un poco más la puerta y siento una corriente por todo mi cuerpo al ver a la mujer sentada frente a mí.
Es de tes trigueña, cabello largo, liso y castaño, sus ojos son claros y grandes, está perfectamente maquillada, parece una Diosa sentada en su escritorio, quedo atónito ante su belleza y me pregunto porque en el parqueadero no noté tanta hermosura en esa mujer, de repente su voz me saca de mi embeleso.
—Buenos días, señor Larios, me dijeron que necesitaba hablar conmigo antes de nuestra reunión, ¿en qué le puedo colaborar? Dice de manera fría y formal
—Por favor, llámame, Juan José, el señor Larios es mi padre —y sonrío tratando de romper el hielo, pero por su cara creo que no lo logro, así que le tiendo la mano de manera formal para presentarme —Es un placer conocerla—
—Catalina Cosio, un placer —dice de manera incomoda y un poco hipócrita para ser honesto, y no es para más, no creo que le dé mucho placer conocerme, me responde el apretón de manos y tan pronto nuestros dedos se rozan me pasa una corriente extraña por todo el cuerpo dejándome asombrado, ella me suelta la mano rápidamente un poco incomoda, haciéndome pensar que sintió lo mismo que yo, pero nuevamente me saca de mi embeleso con su voz
— ¿En qué le puedo colaborar Juan José? —Pregunta nuevamente de manera fría y formal
—Bueno Catali… ¿te puedo tratar de tu? —pregunto un poco avergonzado
—Si lo desea —responde ella con su tono frio
—Bien, pues Catalina en realidad quería disculparme contigo por el inconveniente en el parqueadero —digo un poco avergonzado
—No se preocupe, a la próxima voy a mirar mejor por dónde camino —me responde ella con un tono irónico y con un poco de rabia, y no es para menos, la dejé tirada en el parqueadero con su tobillo lastimado, sus paquetes que se veían pesado y a juzgar por la encomienda que entro la secretaria, al parecer también con las medias rotas, así que tomo aire y retomo mi disculpa.
—En realidad también lamento la forma en la que me comporté, fui bastante grosero y de verdad lo lamento… —me quedo sin palabras ya que mis ojos no pueden parar de verla, me siento avergonzado y en realidad no sé qué más decir para que esa Diosa que esta frente a mí me disculpe
—Descuide Juan José, acepto su disculpa y si no es más podemos proseguir a la reunión que tenemos prevista —me dice con ese tono frio que ha mantenido toda la conversación y que en realidad se viste de formal para no afectar la relación laboral que la empresa en la que ella labora va a adquirir conmigo.
Ella trata de levantarse, pero al parecer su pie no la ayuda a caminar bien así que rápidamente me levanto para ayudarle y la tomo del brazo, pero al hacerlo, nuevamente siento esa corriente extraña que sentí cuando tomo mi mano y por un momento creo que ella también la siente, hasta que los dos volvemos a la realidad y rápidamente ella se suelta de mi agarre, se sostiene de una biblioteca que tiene detrás y vuelve a hablarme de la manera en la que siempre lo ha hecho.
—No se preocupe, yo puedo hacerlo sola, si no le molesta puede ir siguiendo a la sala de juntas y ya lo alcanzo —
—En realidad me gustaría ayudarte, es lo mínimo que puedo hacer después de lo grosero que fui —digo tratando de ser amable, pero para ser honesto conmigo mismo quiero volver a tocarla para saber si logro descubrir qué es lo que siento al hacerlo, eso sin contar que siento un enorme deseo de protegerla y no entiendo el porqué.
—No se preocupe, con la disculpa es más que suficiente, nos vemos en la sala de juntas —Me dice cortante y sin más que decir tengo que retirarme de su oficina.
Catalina
El patán aquel entra a mi oficina y por un momento se queda algo atónito, quizás no puede de la vergüenza, aunque no creo que una persona como él tenga vergüenza, se nota que es de esos adonis millonarios y lujuriosos que no tienen ni el más mínimo respeto por los demás, como él no dice nada decido ser yo la que inicie la conversación, bien dicen por ahí que al mal paso hay que darle prisa
— Buenos días, señor Larios, me dijeron que necesitaba hablar conmigo antes de nuestra reunión, ¿en qué le puedo colaborar? —Le digo de manera formal, tratando de disimular mi hipocresía y de no afectar la próxima reunión que tendremos
—Por favor, llámame, Juan José, el señor Larios es mi padre —dice sonriendo un poco coqueto y tratando de ser amable, pero su sonrisita coqueta no me hace olvidar con el patán que estoy tratando—Es un placer conocerla —dice mientras me tiende su mano para presentarse.
—Catalina Cosio, un placer —Digo de manera hipócrita porque en realidad yo y mi tobillo pensamos que no es un placer conocerlo realmente, respondo a su saludo tendiéndole mi mano, pero justo cuando nuestros dedos se cruzan siento una corriente que comienza a trasportarse a todo mi cuerpo poniéndome un poco nerviosa, reacciono rápidamente soltándolo y diciendo lo primero que se me ocurrió para salir de la incomodidad
— ¿En qué le puedo colaborar Juan José? —Le pregunto volviendo a mi tono formal y algo hipócrita
—Bueno Catali… ¿te puedo tratar de tu? —Me pregunta con las mejillas un poco ruborizadas, y la verdad no me importa cómo me trate, solo quiero que salga de la oficina, tener la reunión e irme al hospital para que me revisen, este dolor cada vez es más fuerte y ver al causante no es que me alivie demasiado
—Si lo desea —respondo para salir del paso
—Bien, pues Catalina en realidad quería disculparme contigo por el inconveniente en el parqueadero —me lleno de rabia y respondo sin pensar al oírlo disculparse
—No se preocupe, a la próxima voy a mirar mejor por donde camino —Le digo algo enojada y luego me arrepiento de haberlo hecho, pero ya no puedo hacer nada, me he controlado bastante para no arruinar el negocio, pero la sangre me hierve al recordar su grosería y falta de amabilidad, él se ve algo avergonzado
—En realidad también lamento la forma en la que me comporté, fui bastante grosero y de verdad lo lamento… —me dice quedándose callado de pronto, lo veo un poco atónito y entramos en un silencio incomodo el cual decido romper.
—Descuide Juan José, acepto su disculpa y si no es más podemos proseguir a la reunión que tenemos prevista —Le digo de manera formal y cortante tratando de finalizar la conversación y de terminar con esto lo más rápido posible.
Me levanto y el dolor de mi tobillo me recuerda que estoy lastimada y siento que me voy a caer, busco de qué sostenerme cuando de repente siento al hombre sostener mi brazo, provocándome nuevamente una corriente extendiéndose por todo mi cuerpo, lo miro para tratar de descifrar que es y él me está observando con unos seductores ojos cafés, por un momento quedo envuelta en lo guapo que es, alto, con una barba perfectamente arreglada, cabello crespo y una boca algo provocativa —¡Pero qué piensas Catalina por Dios! –Grita mi voz interna y decido romper con el incomodo momento antes de pensar en otro disparate, así que me suelto rápidamente y me sostengo de lo primero que encuentro.
—No se preocupe, yo puedo hacerlo sola, si no le molesta puede ir siguiendo a la sala de juntas y ya lo alcanzo —Le digo tratando de deshacerme de él para evitar sentirme incomoda nuevamente.
—En realidad me gustaría ayudarte, es lo mínimo que puedo hacer después de lo grosero que fui —Dice saliendo de alguna especie de transe, pero en realidad no estoy dispuesta a dejarlo tocarme nuevamente así que decido hablarle de la manera más decisiva posible para que no tenga más alternativa que irse
—No se preocupe, con la disculpa es más que suficiente, nos vemos en la sala de juntas —Digo de manera tajante no dejándole más opción de salir e irse.
Se da la espalda y sale de mi oficina, o bueno la que espero que termine siendo mi oficina de manera permanente, esta mañana al despertar no me imaginé que mi carrera dependiera de ese… extraño patán.
Alcanzo mi teléfono y llamo a Carmen, la secretaria de Don Carlos y mi amiga
—Carmen, te puedo pedir que me ayudes a llegar a la sala de juntas por favor —
—Creí que te ayudaría el causante de tu torcedura —Me dice en tono burlón y sarcástico.
—No es gracioso amiga, por favor ven —Le digo y cuelgo para que no me moleste más.
Al llegar a mi oficina Carmen entra con una sonrisa malvada y una mirada picara
— ¿Qué se siente tener a ese adonis tan cerca? —Me pregunta de manera morbosa mientras me sostiene e iniciamos a caminar
—No me parece gracioso, podrá ser muy guapo, pero es un patán completo —Le respondo seriamente
— ¿Te volvió a tratar mal?
—En realidad no, se disculpó, supongo que no quiso dañar la relación laboral que espero adquirir con él—
—Por Dios, míralo, ¿en realidad solo te gustaría tener una relación laboral con él? —Me dice mientras mira a Juan José por el vidrio de la sala de juntas desnudándolo con la mirada, yo volteo los ojos y ella abre la puerta de la sala para darme entrada.
—Buenos días a todos, lamento la demora, tuve un percance —Digo a todos mientras Carmen me ayuda a entrar a la sala y sentarme en la silla más próxima.
—No te preocupes Catalina, Carlos nos platicó sobre tu incidente con mi hermano en el parqueadero, me disculpo por él, soy Lorena Larios y es un placer conocerte al fin, he escuchado muchos halagos de tu trabajo —Me dice la única mujer que hay en la sala de juntas aparte de mí y Carmen, tendiéndome su mano. Yo me sorprendo al escuchar la palabra hermano, creí que Juan José vendría con su representante, no con su hermana, pero ella me agrada, al parecer sacó la amabilidad de la familia.
—Señorita Larios es un placer conocerla y tenerla en esta reunión —Le respondo de manera formal.
—Puedes llamarme Lorena por favor, cuéntame, ¿cómo va tu tobillo? —Me pregunta de una manera muy amable y sigo sin creer que sea su hermana, aunque físicamente los dos son parecidos ella parece sacada de un libro de modales y principios.
—Un poco adolorido e hinchado aun, pero nada de qué preocuparse —Respondo restándole importancia.
—De igual manera ya le ordené a Catalina que se fuera para un hospital al salir de esta reunión —Dice Don Carlos en son de regaño, se porta como un papá regañón conmigo, en realidad aprecio mucho su amabilidad conmigo y con todos sus empleados.
—Considero que es lo más prudente, es mejor que te revise un especialista, puedo llevarte a uno muy bueno que conozco, es lo mínimo que puedo hacer —Dice Juan José dejándome sorprendida, por supuesto que no quiero que me acompañe a un hospital, no iría con este hombre ni a la esquina
—A mí me parece que es tu deber acompañarla, espero que la lleves al mejor hospital del mundo porque te comportaste como un patán —Dice Lorena y concuerdo con ella en lo de patán, pero debo intervenir para impedir que sea ese hombre quien me lleve al médico.
—Son muy amables todos y se los agradezco, pero no necesito compañía yendo al médico, muchas gracias —Digo tratando de ser lo más amable posible.
—No pudiste caminar sola hasta la sala de juntas y dices que no necesitas compañía para ir al médico, perdóname, amiga, pero creo que debes aceptar el ofrecimiento del señor Larios —Interviene Carmen desafiante y de repente quiero matarla, es una traidora.
—Pues yo le agradecería muchísimo que la acompañara señor Larios —Dice Don Carlos y yo lo miro suplicante para que no lo apoye, pero me ignora.
—Entonces no se diga más, te acompañaré al médico al salir de acá —Dice Juan José victorioso y yo solo trato de mantener mi ira adentro, pero quiero salir gritando.
Comienza la reunión, les presento mi Storyboard, les presento algunos referentes, varias ideas y bocetos de la parte grafica del proyecto. Nadie suscita una sola palabra mientras realizo mi presentación lo cual me pone algo nerviosa porque no sé si les gusta o lo odian, finalizo de exponer y de la manera más segura posible pregunto:
— ¿Alguna duda o comentario?
Mi jefe mira expectativo a Juan José y su hermana, mientras yo me siento estancada en un silencio incomodo hasta que Juan José lo rompe.
—Bueno Catalina, me habían dicho que tu trabajo era muy bueno, pero no me imaginé que tanto —Dice con una sonrisa en el rostro y yo respiro aliviada
—Me alegra que le haya gustado, Catalina es una de nuestras mejores empleadas y si aceptan la propuesta ella será la encargada personalmente de su cuenta, créame que es muy creativa y creo que podrán trabajar muy bien con ella —Dice Don Carlos en tono orgulloso y yo me siento confundida ya que si me voy a encargar de la cuenta significa que voy a ascender de puesto, pero trato de guardar mis emociones y parecer seria y profesional.
—Bueno Carlos en realidad esa era mi única petición para cerrar el trato, que Catalina se encargue de este y de todos los videos que yo contrate con ustedes —Dice y por un momento me siento feliz, aunque tendré que tratarlo seguido, su petición asegura mi ascenso.
—Por supuesto señor Larios, sus deseos son ordenes, además, para su información, Catalina acaba de ser ascendida a Jefe de Postproducción, por ende, pueden tener completa tranquilidad de que ella se hará cargo de sus proyectos en esta empresa —Dice Don Carlos y mi nerd interior salta por dentro de felicidad y siento ganas de llorar.
—Bueno Carlos primero que todo llámeme, Juan José, y en segundo lugar pensaba que Catalina ya era tu jefe de postproducción—Dice Juan José algo extrañado.
—Bueno, en realidad Catalina era la asistente del jefe de postproducción hasta hace una semana que él renuncio y ella comenzó a asumir todas sus funciones demostrando su capacidad para este cargo, es por eso que acabamos de nombrarla de manera oficial —Explica Don Carlos mientras Juan José no me quita la mirada de encima.
—Bueno, pues considero que tomaste una muy buena decisión, tanto talento no se puede desperdiciar en un simple puesto de asistente —Le dice y luego se levanta de su puesto y camina hacia el mío, mis piernas comienzan a temblar y siento el calor en mis mejillas, al llegar a mí me tiende la mano —Felicitaciones Catalina por tu ascenso —Me dice y yo tomo su mano sin más opción y vuelvo a sentir esa corriente que me recorre todo el cuerpo y que me desconcierta bastante, él se queda mirándome fijamente y yo simplemente sonrío y bajo la mirada evitando los pensamientos que sentí la última vez en mi oficina
.
—Muchas… gracias —Le digo apenas pudiendo mencionar las palabras y le suelto la mano rápidamente, luego se acerca a mi Lorena y me felicita con un cálido abrazo al cual respondo de la misma manera.
—Bueno Carlos, por favor cuadra con mi agente todo sobre el contrato para que comencemos a trabajar lo más pronto posible, mientras tanto yo me llevaré a esta creativa mujer al hospital —Dice Juan José y yo abro los ojos y pienso en cómo salir de esta y evitar ir con él al hospital.
—En realidad yo considero que no es necesario Juan José, pero igual muchas gracias por su ofrecimiento — digo tratando de ser determinante y me levanto intentando ser fuerte y caminar sola, pero fallo en el intento y mi dolor me hala al piso, Don Carlos evita que me caiga y yo solo pienso en que fracase en mi intento.
—Esto demuestra que lo mejor es que Juan José te acompañe Catalina, así que por favor acompáñame un momento a mi oficina y luego de eso te vas con él —Dice mi jefe mientras me sostiene y me dirige a su oficina.
Entramos a esta y me sienta, luego se sienta en frente mío y comienza a hablar
—Estoy muy feliz con tu trabajo Catalina, en verdad me siento muy orgulloso, desde que llegaste te has destacado en la empresa y te mereces este ascenso, en realidad desde que se fue Roberto y ocupaste su lugar de manera temporal supe que te quedarías en ese puesto—
—Don Carlos de verdad no sabe cuánto le agradezco la oportunidad que me da —Le digo con el nudo en la garganta
—Bueno Catalina, yo sabía que esta reunión sería un éxito así que tenía preparado tu nuevo contrato para que lo firmes y puedas recibir tu incremento en la próxima quincena —Miro mi contrato, le echo una repasada, casi lloro mientras lo leo, lo firmo totalmente orgullosa y se lo entrego nuevamente a Don Carlos, él se levanta y me abraza.
—Felicitaciones Catalina y ahora por favor, ve al médico, descansa y come algo, sospecho que no has probado bocado en todo el día —Lo miro sorprendida por su deducción y recuerdo que tiene razón, con todo esto de la reunión y el tobillo hasta olvide que el cuerpo necesita alimento.
—Está bien Don Carlos, pero en verdad ayúdeme para que Juan José no me acompañe —Le digo en voz de súplica y él se ríe.
—Sé que ese joven se ve engreído, pero creo que es solo fachada y fue muy amable al ofrécete su compañía hasta el médico, además me da un buen presentimiento y tienes que comenzar a relacionarte con él mejor ya que tendrás que trabajar bastante a su lado —¿buen presentimiento? ¿Presentimiento de qué? Pienso mientras pongo cara de fastidio y acepto resignada.