Capítulo 1: ¡Lo siento!

3678 Words
Estaba dentro de mi auto en el estacionamiento del centro comercial desde hace ya quince minutos. Tenía que salir, entrar y comprar. Algo fácil, sencillo y rápido. Eso si eres alguien normal, pero si eres alguien como yo, es demasiado complicado porque debía mantener el perfil bajo. Nadie podía reconocerme o siquiera sospechar quién era. Porque si había algo negativo de ser Annelise Crewe, era que a veces aunque estuviera completamente cubierta había alguien que lograba reconocerme. No entiendo cómo lo hacen, ¡hasta mi madre se confunde entre mi hermano y yo cuando nos ve de espaldas! Desde que me fui convirtiendo en alguien famosa, mis salidas se fueron volviendo caóticas. Huir de fans locos, de periodistas amarillistas, evitar escándalos, ocultar mi identidad. Eso y muchas cosas más eran el día a día, y la razón de haber tomado vacaciones de seis meses, sin firmar ningún proyecto nuevo. Estaba bien al principio, me divertía estando en casa con mi familia o incluso estando acostada mirando televisión por horas, pero luego del tercer mes empecé a aburrirme. Entonces comencé a salir, primero a la playa, en donde no pude ni siquiera acercarme al agua por estar rodeada de fans que pedían autógrafos o fotos. Y no es que me molestara (amaba con todo mi ser a los fans) pero me sentía agobiada de tanta atención. Después quise ir a un crucero con la abuela, gran error. Mi tan amada abuela desaparecía en el casino la mayor parte del tiempo, el movimiento del barco me hacía sentir mareada y a pesar que la mayoría de personas eran ancianos, el personal sí me reconoció y me daban un trato preferencial sumamente exagerado que al principio era halagador, pero conforme pasaban los días se convirtió en asfixiante. Por último decidí alquilar una cabaña en el campo, a miles de kilómetros de la ciudad. Estuvo bien las primeras semanas, tenía paz y podía salir sin tener que ocultar mi rostro. Pero, a la tercera semana allí, hubo una tormenta enorme que dejó la cabaña sin luz por varios días. Me quedé sin celular, televisión o laptop, no podía hablar con nadie a excepción de mamá que venía a visitarme cada tercer día, conduciendo más de tres horas sólo para llevarme comida y libros para "liberar mi mente de la tecnología". Leí bastante, pero me aburrí, entonces decidí armar rompecabezas enormes, luego recorrí todas las hectáreas que tenía la propiedad, dormía más de 18 horas seguidas pero seguía muriéndome de aburrimiento. Mi mamá sugirió que hiciera mándalas para "relajarme y despejar la mente", a los días me dolían las manos de pintar tanto. Me frustré, mandé a la mierda el campo y al día siguiente volví a la ciudad, en donde me mantuve en casa aprendiendo recetas todos los días para pasar el rato. Incluso aprendí a hacer comida tailandesa tan solo con mirar videos de cómo hacerlo en Youtube. Me siento como toda una chef profesional ahora. Así pasó el tiempo y en un parpadeo ya me quedan tan sólo tres días para volver a activar mi agenda. Por lo que quiero aprovecharlos al máximo saliendo a lugares que después ya no podré visitar. Uno de esos es la heladería DreamIce del centro comercial, su helado es delicioso y te daban potes con forma de nube. Tan sólo de pensar en el sabor del helado de chocolate con menta se me hace agua la boca. ¡Hora de salir de una vez! Me aliento mentalmente. Busco mi tan adorada gorra negra y mis lentes de aviador en la guantera del auto. Me aseguro de esconder mi corto cabello castaño debajo de la gorra usando el espejo retrovisor para que ni un mechón se pueda ver, me coloqué los lentes, luego me inclino hasta el asiento del copiloto para tomar mi bolso y una vez lo tengo en mis manos, saco el seguro de la puerta. Estoy a punto de salir cuando mi teléfono suena, por el tono sé de inmediato que es mi madre por lo que me apresuro a responder. —Hola, ma—contesto confundida. Pues no hace mucho que la vi antes de irme. —¡ANNNNN!—Grita con enojo. Por el bien de mis tímpanos, alejo un poco el celular de mis oídos. —¿Qué pasa? ¿Se murió la abuela?—bromeo para fastidiar aún más a mamá, como siempre disfruto de hacer. —¡Te estoy escuchando, mocosa! —¿Esa fue la abuela? ¿Estoy en altavoz— mierda, mierda, mierda. —Sí, hija. Estamos todos acá, la abuela, tu padre, tu hermano, tu tío Juan, la vecina Sully, tu primo Lolo... —¡Y te vas a quedar sin galletas por tirarme malas vibras!—masculla la abuela interrumpiendo a mamá. Luego se escuchan pasos alejándose junto a murmullos entre los demás. Quiero decir que me da gracia, pero realmente tengo ganas de comer esas galletas desde que la vi preparándolas en la mañana. —¿Lo siento?—murmuro avergonzada. —Ay Ann, ya te dije que controlaras esa boca tuya— escucho como dice con resignación. —¿Bromeas? ¡Eso estuvo épico!—se carcajea mi hermano Toni. También escucho las risas de papá y algunos más. —¡Toni!—lo regaña mamá, pero hasta ella se escucha divertida. Nadie puede negar que ver a la abuela enojada es gracioso, porque ver cómo refunfuña maldiciendo y camina haciendo resonar sus pasos con su bastón hasta irse a la cocina a hacerse "té para la furia", era gracioso. Incluso da la impresión de hacer un puchero mientras maldice. —Ya dile la noticia, Linda—escucho que le dice el Tío Juan a mi madre. —¿Qué noticia? —¡Jess vuelve a Los Ángeles con Ness, Ann!—chilla con emoción y a los segundos yo estoy gritando con ella. Jess y Ness son mis mejores amigos fuera de la industria, nos criamos juntos y estuvimos desde el preescolar en la misma clase. Era con ellos quienes quería pasar mis largas vacaciones, pero se fueron a San Diego por temas de trabajo. —¡¿Cuándo?!—pregunto eufórica. —En menos de un mes—dice papá emocionado. —Tenemos que ir preparando la fiesta de bienvenida, Lisa. —Lolo no empieces con tus cosas, recuerda la última vez que quisiste hacer una fiesta—le regaña mamá. —¡Pero Linda! —¡Pero nada, Luis! No quiero tener que limpiar los pedazos de mis jarrones otra vez. Y así empieza una discusión de si hacer o no hacer la fiesta de bienvenida, papá apoya a mi primo junto con Toni y el tío Juan. Me divierto escuchándolos pero pasados unos minutos les digo que tengo que colgar, después de todo estaba desperdiciando tiempo valioso en el que podría estar degustando un delicioso helado de yogurt. —¡Espera Ann!—escucho que grita Toni. —¿Qué pasa, mocoso? —¿Podrías traerme un nuevo joystick? Ayer Lolo terminó de romper el mío. —¡No mientas, Toni, fuiste tú! —Chsttt. Fuiste tú, Lolo, no te hagas el inocente—le dice con rencor. Pienso en cuánto efectivo llevo encima y creo que tengo el suficiente para comprar esa cosa. —Te lo compro pero luego me debes un favor—le digo. Luego se escuchan murmullos, Toni festeja y vuelve a pelear con Lolo sobre quién es el que rompe las cosas. —Ann, ¿a mí me podrías traer más crema facial?—pide mamá. —¡Y a mí tráeme helado!—se le suma papá. —¡Hija, fíjate si llegaron esas hermosas chaquetas de cuero a la tienda L.O.F.F!— grita la abuela de algún lugar. —¿Ya no estás enojada, mamá? —Si me trae esa chaqueta hasta se convierte en mi nieta favorita, Linda. —¡Pero abuela! —¿Me vas a comprar esa chaqueta tú, Toni? Entonces no chilles. Fíjate eso, Annelise querida y te doy galletas extra. —¡Abuela!—se quejan mi hermano y primo a la vez. Más y más murmullos vuelven a escucharse pero yo ya no sé ni que me piden. —¡Bien, les llevaré todo. Bye, los amo! —Lisa, a mí...—corto antes de que Lolo me sume algo más a la lista. Guardo el celular en mi bolso mientras sigo rememorando qué comprar. Dado el caso, tendré que usar las tarjetas de crédito. Suspiro, luego abro la puerta del auto y lo siguiente que escucho es un estruendo. Un jadeo de sorpresa se me escapa cuando veo cómo mi puerta dio de lleno con otro auto, dejándolo destrozado con una gran abolladura y tal vez el vidrio roto. —¡Mierda! ¡Carajo! ¡Carajo mierda!—mascullo mientras veo el daño. Salgo del auto tratando de ver a alguien alrededor pero no había ni un alma en el estacionamiento. Observo el modelo del auto, que se ve bastante costoso para mi gusto y trago en seco. Sea quien sea el dueño, se nota que tiene dinero. Rodeo el vehículo para ver si tiene algo que me indique quién es el dueño, pero nada. Me rasco los brazos con nerviosismo, esto no es la primera vez que me pasa y si mi madre supiera que es la sexta vez que daño otro auto me va a matar. O peor, me va a quitar mi bonito Ford Fiesta celeste por tiempo indefinido. ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? No sería justo irme sin más, pero tampoco puedo quedarme aquí esperando a que venga el dueño porque sería desperdiciar el tiempo que me queda de vacaciones. ¿Y si demora horas en volver? No, yo no puedo esperar a hablar con el dueño por más que quisiera. Miro otra vez los daños y la puerta de mi auto fue la más afectada, quedó casi doblada y el vidrio parece que se está por romper. Se me ocurre dejar una nota en el parabrisas con mi número de seguro para que el dueño llamara. Así que de mi bolso saco mis notas post it y una lapicera, rápidamente termino de escribir con una letra no muy prolija al estar nerviosa esperando que nadie me reconozca si llegan a verme. Sería un escándalo innecesario. "Disculpa que te haya roto el carro. En serio, perdón. Te dejo mi número del seguro y mi número. Todos los daños corren por mi cuenta, no dudes en llamar. Annelise C. Pd: cuando llames pregunta por Ann CC y sabrán en seguida quién soy." Después de dejar la nota en el parabrisas, salgo pitando del estacionamiento rezando que el dueño del auto no sea alguien que cree un conflicto por esto. ______________________________________ Por fin pude sentarme en la heladería a disfrutar el delicioso helado que tanto quería. Compré uno de chocolate y menta, otro de yogurt y un batido frutal. Coloco los tres potes con forma de nube de tal modo que se veía perfectamente delicioso, saco mi celular y tomo varias fotografías. Así después puedo elegir la mejor para subirla a i********:. Ahora sí me dedico a disfrutar el delicioso chocolate con menta, voy por el tercer bocado cuando siento una presencia a mi lado. Giro la cabeza en su dirección y me doy cuenta que es una de las empleadas del local. —Disculpe señorita, pero no se permite tener el rostro cubierto—dice con una sonrisa de disculpa. Trago con fuerza, dejo la cuchara en el pote y le hago una seña a la chica para que se acerque. Ella se inclina, dejando caer su largo cabello rubio como cortina en su rostro. Me acerco lo suficiente para que su cabello también logre ocultarme un poco. —Escuche, es importante que yo siga así para poder terminar mis helados con tranquilidad. ¿No podría, por favor, hacer una excepción?—le pregunto en una súplica pero ella niega rotundamente. —Lo lamento, señorita, pero es regla del local no entrar con lentes o gorra y usted tiene ambos. —Por favor, haga una excepción ¿sí?—le pido. Pero ella sigue negando, entonces se me ocurre bajar un poco mis lentes para que pueda ver mejor mi rostro. Ella jadea de la sorpresa y me señala con su dedo. —Es-es-es—tartamudea por la impresión, luego se aleja para quedar otra vez recta. Enseguida vuelvo a colocarme bien los lentes y de reojo me fijo que nadie me haya visto. Por suerte todas las personas que habían estaban en su mundo. —Sí, soy Annelise Crewe. ¿Entiende por qué estoy así? Por favor déjeme usar los lentes y la gorra, puedo hablar con su jefe si le causa problemas. Ella alza las manos en un gesto de que no es necesario, mientras sonríe con la emoción reflejada en sus ojos verdes. No hay que negar que es bonita, de unos veintitantos tal vez. Por alguna razón, me agrada de inmediato, es como si su manera de hablar tan respetuosa y su rostro la hicieran ver como alguien super amable. —No se preocupe, en serio. Yo puedo hablar con él si dice algo. Lamento haberla interrumpido, si necesita algo no dude en llamarme. Sonríe mientas mete sus manos en los bolsillos de su jean con nerviosismo. Repaso mi vista en su remera con el logo de la heladería y la placa con su nombre al lado. Mel, G. —Muchísimas gracias, Mel—le devuelvo la sonrisa. Entonces noto cómo mueve los pies en su lugar con ansiedad, por lo que deduzco qué quiere decir— ¿Quieres un autografo? —¡S-sí!—chilla. Luego se calla y mira que nadie le haya puesto atención, que por suerte no fue así— Digo, me encantaría. Me extiende una libreta junto con un bolígrafo por lo que corro mis potes a un lado de la mesa para poder apoyar ahí la libreta. Escribo mi firma y una linda dedicatoria. —¿Qué nombre quieres que ponga?—le pregunto mientras la veo de reojo. —Melrose Gibson. Asiento, pongo el "con cariño para Melrose Gibson" y por alguna razón agrego un posdata en donde le digo que me escriba a mi i********:. —Tienes un bonito nombre— digo mientras le doy la libreta con el bolígrafo dentro. —El suyo también es lindo, como el de una princesa. Río por el halago. —Gracias, Melrose—bajo los lentes un poco y le guiño un ojo. Luego de eso, ella se va hacia el mostrador del local y yo me permito seguir disfrutando del helado, que ya está un poco derretido por lo que me apresuro a terminarlo. Después sigo con el de yogurt, pero en cuanto doy el primer bocado siento como alguien me toca el hombro. Volteo a ver y es una niña de unos 8 años quizá, con un batido en la mano y una hoja en la otra. —Hola. —Hola, pequeña. ¿Sucede algo?—le pregunto con amabilidad. Tal vez se perdió. De reojo observo cómo poco a poco se está derritiendo el helado y quiero lloriquear, pero trato de aguantarme mientras espero la respuesta de la niña. Tiene puesto un vestido lila con puntilla que combina con la tiara en su cabeza, parece una muñequita de porcelana. —¿Me das tu autógrafo?—frunzo el ceño ante su pregunta, ¡¿cómo fue que me reconoció?! Lo dije, los fans tienen un radar o un escáner en los ojos. —¿D-disculpa? Ella arruga su nariz, pone la hoja sobre la mesa, luego se sienta frente a mí y me señala con su dedo. —Sé quién eres, no soy tonta. Por fis, dame tu autógrafo. Quise ir al estreno de "Hablemos de juegos señor Santa" pero mi mamá no me dejó por más que le insistí en que tú irías y darías autógrafos. Traté de comprar una entrada con mis ahorros pero era muy cara por ser un estreno, es un robo ¿sabe? Entiendo que es porque eres famosa y muy buena pero al menos la firma de autógrafos debió ser abierta a todo el mundo y no sólo a quienes tenían entradas. Ya sé que eso significaría más personas pero si pudieran haber puesto un horario para ir, de al menos dos horas, por una semana seguida muchos niños como yo podrían haberla visto de lejos al menos. ¡Y no es que ignore que tienes una vida! Pero dos horas por una semana no es tan malo ¿no? Además de que dijiste que sería su última película antes de su descanso de seis meses. La próxima vez que se estrene una película tuya, ¿podría considerar mi petición? ¿Sí? Soy su fan número uno, porfis piense en mi propuesta. Su bombardeo de palabras aún sigue resonando en mis oídos, creo que me perdí a la mitad de su monólogo pero su mirada de súplica pudo con mi corazón. Me hace recordar a Toni cuando tenía siete y quería ir a trabajar conmigo, entonces planeó una presentación en donde decía porqué era bueno que él vaya. Y yo a los siete seguía mirando Barbie. —Eh, sí, yo... Eh. ¿Cómo te llamas, linda?—pregunto un tanto perdida. —Mei. Pero ¿sí tomará en cuenta mi propuesta? —Pues... ¿Tienes i********:, Mei? Ella me ve con sospecha por cambiar de tema pero asiente y saca del oso, que al parecer resulta ser una mochila con forma de oso, un iPhone 8 plus con una carcaza personalizada de osos que daría envidia a cualquiera. Si antes la niña me había sorprendido con su elocuencia, ahora tengo la quijada en el piso por la sopresa. No puede tener más de ocho años y tiene mejor celular que mi hermano menor. —Es MeiLady. Con esta foto—voltea su teléfono con la imagen de un erizo en su perfil. Encuentro su usuario, casi que jadeando de la sorpresa al ver la cantidad de seguidores que tiene, 61 mil para ser exactos. Y doscientos seguidos. Le doy a seguir, ella acepta la solicitud y ahora puedo ver sus publicaciones. Sin fijarme mucho a detalle me doy cuenta que son fotografías de lugares, comida, e incluso juguetes. —En la descripción está mi Twitter, después sígueme ahí también—pide y yo asiento aún anonadada por todo. —Claro. Querías un autógrafo, ¿verdad? —Y una fotografía. Niego rotundamente. Guardo mi teléfono en el bolso, ella mete el suyo en ese bolso de oso y se cruza de brazos con enfado. Rápidamente tomo la hoja, saco mi bolígrafo del bolso y una vez terminé de escribir la dedicatoria, agrego un posdata. "Pd: háblame por i********: con esa idea de los estrenos, suena interesante y más equitativa con los fans. Hablaré con mi manager de eso, no lo dudes" —Ten—deslizo la hoja por la mesa, en seguida ella se dispone a leer con suma atención—. Lo siento, en serio, pero la fotografía no podrá ser en este momento. Si alguien me llegara a reconocer yo... —Porfis—ruega con sus dos manos juntas. Y yo soy muy débil. —Bien, pero sólo una. No importa que salga mal. Ella asiente, se baja de la silla, se acerca a mí, se sube en mis piernas, saca su iPhone y me insta a sacarme los lentes. Suspiro con resignación mientras lo hago, sonrío junto con la niña y en cuanto se toma la foto me vuelvo a colocar los lentes. La chiquilla se baja, toma su hoja y su oso bolso, me agradece prometiendo escribirme su propuesta pronto y así como vino se fue. Una vez la perdí de vista en la salida del local, me dispuse a acabar mi helado. O bueno, la sopa que queda como helado. Después empiezo a tomar mi batido frutal en completo silencio, mirando a las personas sentadas en las demás mesas. Entonces sucede lo que más me temía, alguien me reconoce y grita mi nombre. —¡No puede ser, es Annelise Crewe!—dicen varias personas a la vez. Me levanto de golpe, observo a la multitud que se va formando en la entrada del local y con el batido en mano comienzo a correr a través de ellos. A paso rápido me dirijo a las escaleras mecánicas para llegar al estacionamiento, cada tanto miro hacia atrás y noto a la multitud más grande. Veo mujeres, niños, chicos, e incluso a una botarga de Bob Esponja correr con emoción detrás de mí. Considero la opción de detenerme y darles los autógrafos o fotografías que quisieran, pero al ver como las demás personas del centro comercial comenzaban a fijarse en mí, desisto la idea y me apresuro en llegar al auto. Estoy a nada de llegar cuando veo a un hombre parado enfrente del coche que dañé, observando atentamente la notita en el parabrisas. Deduje que es el dueño, pero dada la situación lo paso de largo, llego a mi auto y una vez adentro noto que la avalancha de fans se acerca cada vez más. Si ellos logran rodear el auto no podré irme en un buen rato. Enciendo el motor, tiro mi bolso a los asientos traseros, me abrocho el cinturón de seguridad lo más rápido posible y estoy a punto de pisar el acelerador pero escucho unos golpecitos en mi ventana. Es el dueño, quién me hace una seña para que baje la ventana. Lleva unos lentes de aviador parecidos al mío que no me permiten ver todo su rostro, pero la mueca en sus labios me indica que no está nada feliz. Los gritos de los fans se escuchan cada vez más cerca y la mandíbula del hombre se vuelve más rígida al no bajar la ventanilla. No sé qué hacer, por lo que en un acto de desespero piso el acelerador y me alejo de él. A una distancia prudente reduzco la velocidad, bajo la ventanilla y saco mi cabeza para poder gritarle un lo siento. —¡No dudes en llamar a mi seguro! ¡Lo lamento en serio! Vuelvo a subir la ventanilla, acelerando lo establecido para salir del estacionamiento y rezo para llegar a casa sin ningún inconveniente más. Solamente quería un helado. Suspiro, con una débil sonrisa irónica en los labios.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD