Conocía muchas palabras, pues tenía un gran vocabulario debido a todos esos guiones que leí a lo largo de mi vida. También gracias a aquellas novelas románticas que solía leer de vez en cuando. Y tal vez se le pueda sumar a eso todas las veces que había ayudado a buscar definiciones para la tarea de Toni, mi hermanito.
Pero a pesar de tener un extenso léxico, sólo se me ocurría una palabra para describir este momento.
Tensión.
Desde la incómoda presentación, pasamos a ir a la oficina de Billbenny para charlar sobre "un proyecto muy prometedor"—palabras del mismísimo abogado— y llevamos ya un par de horas en la reunión. Todo bien hasta ahí, solo debería ser una especie de charla antes de firmar el contrato, nada que no haya hecho antes.
Sin embargo, como soy la nieta de una profesora malévola y estoy segura que pago el karma de mi abuela pasando desgracia tras desgracia, no todo es color de rosa. O no sé qué otra justificación hay para tener la mirada escalofriante de ese director sobre mí desde hace horas, siendo la prueba latente de ese "si las miradas mataran..."
—...El prosupuesto de la película es alto, una categoría A sin duda. La trama no solo es interesante, sino que excelente, agregando el hecho de que el guión fue escrito por Dominick y que esta será su estreno dirigiendo un film del género dramático, es un marketing que atraerá a muchos espectadores. Un éxito seguro—alaba el abogado, completamente sumergido en la conversación con mi madre. Incluso lo vi sacarse el saco de su traje n***o para poder inclinarse y estar más cómodo.
Porque "es una reunión informal". Claro, todos están vestidos elegantes con sus trajes mientras que yo, quién no sabía nada, tengo puesto un suéter azul, una gran garbandina rosa añejo, vaqueros negros y mis amadas botas de combate.
¡Hola que soy la única que desentona aquí!
Siguiendo la conversación, mi mamá ha preguntado porqué valía la pena que yo protagonizara su papel mientras miraba al director, esperanzada a que fuese él quien contestara. Pero tal como desde el principio, George contestó por su cliente.
La profunda mirada de Dominick Eragon no hace más que ponerme los pelos de punta, siento que está arrepintiéndose de esta reunión, que debido al incidente de hace un rato ya no me quiere en su película.
Sus ojos grises me analizan con cuidando, no perdiéndose ningún detalle de mi persona. Lo sé porque no he dejado de verlo de reojo con incomodidad. Quiero decirle si tiene algún problema conmigo o si se me ha quedado batido en los labios porque realmente no entiendo su afición de mirarme tanto.
¿Así se habrá sentido cuando casi babeo por él en la cafetería?
—Ann—susurra mi mánager en mi oído. Siento cómo se inclina para dejar sus labios cerca de mi oreja, como si no quisiera que nadie más notara que me está hablando, por lo que asiento disimuladamente dándole a entender que lo estoy escuchando—, te noto tensa. ¿Quieres ir a tomar un poco de aire? Falta un poco más para que esto termine, aún nos debe dar el guión y tu madre quiere aclarar un par de peticiones que hizo por llamada.
No necesito pensar mucho mi respuesta, quiero librarme de esos ojos helados un par de minutos. Casi que por instinto desvío mi mirada hacia él, está prestando atención a la conversación de Linda y su abogado por primera vez desde que entramos a la oficina.
—Okay, saldré por cinco minutos entonces—murmuro en respuesta.
Billy se aleja, volviendo a sentarse derecho, mirando hacia el frente con actitud profesional.
Lo único que me indica que me ha escuchado, es el breve gesto de levantar el pulgar en sus manos, tan rápido que casi no lo noto.
—Disculpen, saldré por agua—digo levantándome del sillón e inclinándome brevemente por respeto, nunca dejando de sonreír con cortesía
.
Nadie parece notarlo, por lo que aprovecho y camino rápido hacia la salida. Pero en cuanto estoy en el umbral de la puerta, la sensación de ser observada hace que se ericen los pelillos en mi nuca. Y en seguida lo sé, ese imponente director está mirándome fijamente otra vez.
Trato de ignorarlo, saliendo lo más rápido posible, dirigiéndome al fondo del pasillo en donde hay un dispensador de agua. Una vez allí, tomo un vasito descartable, lo lleno del frío líquido y me lo bebo de golpe, sintiendo como este baja por mi garganta refrescándome al instante.
Tiro ese vasito a la basura mientras doy un largo suspiro, notando como la tensión en ese reducido cuarto hizo que se me contrajeran los músculos del cuello.
¿Acaso soy la única que notó lo acosador que estaba siendo ese tipo?
—No sé qué esperaba que hiciera, ¿que no tocara algo?—comienzo a balbucear en voz alta mientras camino a paso lento a la oficina—Bueno perdón por jugar con el pequeño cactus que tiene Billy en su mesita, ¡pero hey que eso se lo regalé yo! Tengo todo el derecho de querer tocarlo. Si esperaba otra disculpa por lo sucedido en la cafetería ¡perdón entonces! Pero que no me mire como psicópata sin decir ni una sola palabra. Si va a ser así mientras grabemos la película pues no gracias, ya tuve suficiente con todos los problemas del último set que pisé y...—me detengo abruptamente en cuanto veo a ese tipo acercándose a mí a través del pasillo.
Está tan cerca que es casi improbable que no haya escuchado mi monólogo de quejas. ¡Maldito sea mi mal hábito de hablar en voz alta!
Él camina con seguridad, con la espalda recta y sus manos en los bolsillos de su pantalón azul marino, mirándome impasible con esos ojos de hielo brillando.
Estoy tan impactada que incluso dejo de respirar por unos segundos y trago con fuerza cuando detiene sus pasos, tan cerca de mi que sus zapatos casi tocan con la punta de mis botas de combate. Por pura inercia, me alejo un par de pasos para marcar mi espacio personal.
Entonces, con la voz rasposa y en un tono frío, él suelta las primeras palabras desde nuestro encuentro en la cafetería.
—Es de mala educación salir en plena reunión de trabajo.
Abro y cierro los labios sin saber qué decir, no procesando del todo sus palabras. No suena molesto, su rostro está en total falta de expresión, pero sus ojos grises se vuelven opacos y afilados. Casi puedo jurar que está juzgándome en su mente, de seguro pensando que no soy nada de lo que dicen.
Odio que hagan eso.
—Solo es un momento. Además, no es muy necesario que esté allí—me esfuerzo por no titubear, por sonar firme e imperturbable.
Aunque estoy retorciendome de nervios por dentro. Porque en parte tiene razón, pero Billy dijo que...
—¿Quién dice que no? Voy a contratarte a ti, no a tu madre—suelta cruzándose de brazos y apretando los labios ¿con molestia? Es difícil de saber.
—¿Entonces por qué el único que ha hablando es tu abogado? ¿O acaso es él quien va a dirigir la película?— ni siquiera pienso lo que sale por mi boca hasta que es muy tarde.
Porque hasta yo noto el sarcasmo en mi voz, lo descarado que es mi comentario mordaz.
¡Tonta y mil veces tonta! Lo acabas de arruinar, otra vez.
El director Eragon chasquea la lengua con visible fastidio, para después soltar una breve risa sarcástica y darse la vuelta, dispuesto a irse sin decir ni una palabra como en la cafetería.
Sin siquiera saber porqué, me atrevo a tomar su brazo para detenerlo. Pero en cuanto él voltea a verme con una de sus espesas cejas enarcada, lo suelto en seguida abriendo los ojos exageradamente sin poder creer lo que hice.
Titubeo qué decir, pero en cuanto él vuelve a reírse de esa forma tan fastidiosa, como si yo fuese un chiste, enserio mi expresión y trato de sonar profesional.
—¿Por qué yo?—pregunto en voz baja, luego me doy cuenta de eso y me apresuro a rodearlo para quedar frente a él. Observándole así como lo hizo conmigo, profunda e intensamente, para luego decir lo mismo pero con más seguridad— ¿Por qué precisamente yo debería protagonizar su película?
Hay un brillo de sospresa en sus ojos, pero es tan efímero que no puedo asegurarlo. Después vuelve a esa expresión indescifrable, pero no tarda mucho en sonreír de lado, con burla claro está.
No sé qué le causa tanta gracia, pero realmente me comienza a fastidiar su actitud.
—¿Por qué, dices?—empieza y vuelve a invadir un poco mi espacio personal. Inclinando su cabeza hasta estar a la altura de la mía, sus ojos tormenta contra los míos de color miel. Pero en cuanto está por continuar, se escuchan unos murmullos en el pasillo, seguido por el grito de mi madre llamándome.
Él se aparta con rapidez, carraspeando con incomodidad en cuanto aparecen Billy, Linda y su abogado. Los dos primeros quedándose a mi lado mientras que George se posiciona en el costado derecho del director. Ellos siguen ensimismados en su conversación, pero no les sigo el hilo de nada.
Porque tanto Eragon como yo enseriamos nuestra expresión y apartamos la mirada del otro, apareciendo otra vez esa maldita tensión en el ambiente. Sólo que esta vez, él intenta evitar mirarme en todo momento. En cambio, por mi parte, le doy miraditas de vez en cuando.
—...Eso es todo, señor George. Gracias por aceptar venir, nosotros revisaremos todo y nos mantendremos en contacto—dictamina Billy con seriedad, arrastrando ese tono ronco característico de él.
Todos estrechan la mano respectivamente, luego llega mi turno y primero lo hago con el abogado, sonriéndole brevemente con los labios cerrados. Pero el gesto desaparece en cuanto el director y yo juntamos nuestras manos, ambos lo hacemos con el mayor gesto de indiferencia, casi que ignorando el hecho de que demoramos un poco más de lo normal en soltarnos. Su gruesa palma envuelve por completo la mía, y si no estuviera concentrada en no demostrar ninguna expresión en mi rostro, me sorprendería el hecho de lo ásperas que son.
Lo suelto de inmediato en cuanto escucho la breve tos fingida de mi madre, en cambio él demora un par de segundos más en bajar el brazo.
Todos nos damos un último asentimiento antes de separarnos y caminar en dirección contraria al otro. Ellos se van al ascensor, con intenciones de bajar al recibidor e irse, mientras que nosotros volvemos a entrar en la oficina de mi manager.
Volteo un breve instante solo para ver sus espaldas alejarse. El abogado rodea los hombros del director mientras ríe, su risa haciendo eco en el pasillo.
Ni siquiera logro entrar del todo en la oficina cuando escucho las carcajadas de Billy, quien se dirige a la mesita en medio de los sillones en donde estábamos reunidos antes.
—Era guapo, ¿cierto?—bromea mamá con su voz cantarina, apoyando su cadera en el escritorio de Billbenny con confianza, casi al fondo de la habitación.
—¿Quién?—me hago la tonta. La risa de mi representante se hace más sonora.
—Ese director, ¿quién más? Había oído de él, el grandioso Dominick Eragon. Famoso por dirigir "La otra cara de Mara", "Muerte en backstage" y la ganadora del Óscar "Vida prestada, vida robada"—menciona con entusiasmo, casi que podría decir que es fan de ese tipo sólo por el brillo en sus ojos pardos—. Me atrevo a decir que es más guapo en persona, ¿viste ese cuerpazo?
Un sonrojo pinta mis mejillas ante la fugaz imagen de él demasiado cerca de mí.
—Pero qué cosas dices, mamá—trato de desviar el tema. Entonces me percato de los títulos que dijo—. ¿Esas no son películas de misterio?
Ella asiente fervientemente, su corto cabello n***o se sacude ante eso y sus grandes aros brillan en sus orejas. Todo en su aspecto grita elegancia, desde su falda entubada azul hasta su camisa tres cuartos blanca, incluso su tenue labial rosa resalta en su fino rostro.
—La primera es de acción, las últimas dos de misterio. También ha dirigido films de ciencia ficción pero no los he visto aún.
—¿Quiere que protagonice una película de esa índole?—pregunto frunciendo el ceño, pues jamás actúe en esos géneros. ¿Comedia y acción? Sí, pero hice el papel secundario de la joven divertida que sólo aparecía para aligerar el ambiente.
—Nop, él quiere estrenarse en las películas románticas—contesta Billy apareciendo frente a mí y entregándome lo que creo que es el guión.
Lo tomo, leyendo rápido el título con curiosidad. "Créeme, mi amor" estaba escrito en mayúsculas y negrita. Resaltando al instante a simple vista.
—¿Comedia romántica entonces?—asumo sonriendo con felicidad.
La última película que hice, era una comedia romántica, con toques de musical, muy divertida de una chica que trabajaba en una tienda de juguetes y conoce a un chico que quiere comprarle el regalo ideal a su hermano. Una trama muy sencilla, pero sumándole el personaje del dueño de la tienda gruñón y el hermano travieso, era muy graciosa.
Amé mi personaje ahí, incluso conservé el cabello azul eléctrico aún después de que la película fuese estrenada.
Ese color del que mi amigo se burla diciendo que parezco un pitufo. Aún sigue con eso a pesar de que ahora mi cabello sea castaño otra vez.
Tanto Billy como mi madre niegan, la diversión borrándose de golpe en el rostro de ella.
—Es un romance dramático—dicen a la vez.
Quedo en shock, incluso dejo caer el pesado guión al suelo de la sorpresa.
Niego vehementemente, balbuceando que no lo haré una y otra vez. Un pequeño temblor baja de mi garganta a mis manos, por lo que termino guardándolas en el bolsillo de mi garbandina rosa añejo para que no lo noten.
—Saben que yo no... No lo haré, lo rechazo, no quiero. ¡No quiero!—repito sin parar, hasta que la intención de acercarse de mi madre me saca de mi estupor.
Observo a ambos con actuada frialdad, repasando en la expresión de culpabilidad de Linda y en la seriedad en los ojos de Billy, el que siempre bromea cuando no está en su faceta de hombre de negocios, antes de darme la vuelta, abrir la puerta de un tirón y salir haciendo resonar mis botas de combate contra el suelo sólo para remarcar mi enfado.
Me apresuro a llegar al ascensor, presionar el botón de planta baja y rogar porque tanto mi madre como mi representante no decidan buscarme. Porque no estoy segura de lo que podría soltar en este estado. Pero por suerte, las puertas se abren casi enseguida, me adentro y pulso 0.
Recién ahí me doy cuenta de que mi bolso está en la oficina aún, por lo que rápidamente busco en los bolsillos de la garbandina las llaves del auto, encontrándolas en el derecho junto a mi teléfono. Lo único que no hallo, es mi cartera de ositos —regalo de Toni— por lo que seguramente esté en mi bolso. Y mirando a los lados, el espejo del elevador me muestra que no estoy usando ni mis gafas ni mi gorra para ocultar mi identidad.
Suspiro, resignándome a ir mi casa y no a la heladería de ayer como segundos atrás pensaba en hacer.
La melodía del ascensor se detiene cuando este abre sus puertas en el hall, por lo que me apresuro a salir del lugar. Cruzando a zancadas la enorme distancia entre este y las puertas giratorias de la entrada. Una vez fuera, giro la cabeza a ambos buscando mi auto —el cual por cierto aún está abollado por el accidente de ayer pero mi madre no se dio cuenta por salir con prisa—, localizándolo un par de metros pasando el edificio.
Por las dudas, porque si algo he aprendido a lo largo de los años es que hay que cuidarse de los paparazzi fuera de la oficina de Billy, camino hacia el coche con la cabeza gacha y tratando de ocultar lo más posible mi rostro con mi cabello. Observo a través de las hebras los lados de la calle antes de cruzar, no tardando mucho en llegar a la puerta del auto. Presiono la alarma, pero cuando estoy a punto de abrir la puerta, siento una presencia detrás de mí.
Por instinto me volteo a la defensiva, a punto de asestarle un golpe al sujeto, pero mi brazo queda alzado en el aire al ver quién es.
El mismísimo Dominick Eragon está apoyado en el auto de al lado, un SUV T-cross rojo, con los brazos cruzados y los labios en una fina línea.
De inmediato bajo el brazo, esforzándome por no exteriorizar mi vergüenza en un sonrojo.
—¿Ese es tu auto?—pregunta en un tono algo elevado. Su voz profunda y rasposa, queda resonando en mis oídos.
Lo miro con confusión, sin saber porqué me está cuestionando eso. ¿Es por la fea abolladura y el vidrio con marcas que indican que está a un suspiro de reventar? Porque si se atreve a decir algo de mi bonito Ford fiesta yo...
—Sí, lo es—contesto con hostilidad mal disimulada.
Él musita un leve "ah", para luego quedarse ensimismado en sí mismo. Mi vista se desvía a esa pequeña porción de pecho descubierto, notando que ya no lleva su camisa, de un tono azul un poco más claro que el pantalón, abotonada hasta el penúltimo botón sino que hay dos más que están sin prender. Tampoco tiene la chaqueta y las mangas de la camisa están dobladas hasta el codo, dándole un aspecto más informal.
Nos quedamos observando el uno al otro sin decir ni una palabra por un par de minutos, pero en cuanto escucho el tono de mensaje en mi teléfono sonar repetidas veces, salgo del "hechizo" y me adentro a mi auto sin siquiera despedirme.
Conduzco con el corazón desbocado y el pulso pitando en mis oídos. Sin estar segura qué carajos pasó ahí o qué haré a partir de ahora.
Porque ni soñando haré esa película dramática por un simple pero enorme problema; no me gustan. No me gusta fingir llorar, ni actuar un personaje que se siente miserable. Tal vez sea una estupidez pero para mí es muy importante, fue la primera regla que me impuse cuando decidí dedicarme a la actuación a los quince.
Y si el guión que ese director escribió no cuenta con una escena en donde la protagonista llore o sea miserable, prometo pensar en participar. ¿Pero qué posibilidades hay que eso pase?
Sus ojos tormenta pasan por mi cabeza mientras me detengo en un semáforo. Entonces recuerdo que no terminó de responderme mi pregunta.
¿Por qué yo, director Eragon?