Capítulo 5: Magnetismo

4158 Words
No podía arrepentirme. Ya había dicho que sí, acepté. Pero en cuanto Billy, a la mañana siguiente, me dijo que ya concretó una reunión dentro de dos días quise decirle que la cancelara. Jamás he estado tan nerviosa como ahora, maldecía que los días hayan pasado rápido. Ni siquiera sentí el correr del tiempo. Hoy es la reunión, a las dos de la tarde concretamente. Pero oh sorpresa, son la una y yo estoy hecha un manojo de nervios. —No voy—digo con ansiedad. Al otro lado de la línea se escucha unos murmullos, pero rápidamente consigo una respuesta de Ness. —Si no vas soy capaz de tomarme un avión ahora mismo sólo para ir a golpearte el trasero, pitufiAnn—amenaza, su voz se oye un poco distorsionada pero eso no quita que pueda notar el enfado en la misma. Estaba hablando con Jess por w******p, para decidir qué ponerme. Ella me ayudó eligiendo un traje de pantalón n***o, con una blusa blanca recta que tenía un bordado de puntos, encima de esta me puse la chaqueta del traje, la cual solo tenía un gran botón para abrochar. También me sugirió ponerme tacones, así que elegí unos negros de diez centímetros. La crisis pasó después, cuando ya estaba vestida y arreglada. Me vi al espejo toda formal, y caí por completo en la realidad de lo que voy a aceptar. ¡Es un enorme papel protagónico! ¿Y si no doy a la talla? O peor, que no pueda hacer las escenas dramáticas sin parecer estreñida. Además está que el director me intimida un poco, hasta ahora no he podido olvidar esos ojos grises ni la sensación que me provoca su fría mirada. Trago saliva al tan solo pensar en enfrentarme a ella otra vez. He visto un par de entrevistas de él, cortesía de Jess que con su fanatismo me llenó de links en el chat de w******p, y en todas estaba serio. Su actitud de frialdad hasta ponía incómodos a los entrevistadores, la única que cortaba ese aire de inquietud era su publicista. Él siempre decía respuestas escuetas, monosílabos sobre todo, mientras que ella lo solucionaba agregando algún detalle. Después de terminar de ver un vídeo del director hablando en los premios Óscar, y acabar de confirmar lo importante que sería la reunión de hoy para mi carrera, decidí llamar a Ness no sé si para que me convenciera de ir o para que lo hiciera de no hacerlo. Él no dudó en contestarme, a pesar de que Jess me dijo que estaba trabajando. —Es que tú no lo viste, hay algo extraño en ese director que...—me interrumpe dejándome con las palabras en la boca. —Todos tienen algo raro. ¿Te acuerdas del último, el de la película en donde tenías el pelo azul? Escuché que coleccionaba muñecas de porcelana—dice con una risita. Luego se aclara la garganta y creo que tapa el celular, porque solo se escuchan murmullos muy bajitos—. Ah, también descubrí que el actor con el que trabajaste ¿Travis Macklemore se llama?—hago un sonidito con la garganta para decirle que sí mientras que observo que mi cabello esté bien recogido en una coleta en el espejo—Bueno, que ese sujeto, adora comprar tonterías por internet como Jess. Aunque él es peor, me dijeron que hasta compró una bufanda y guantes para perros. ¡Y ni siquiera tiene uno! Me es imposible no unirme a sus carcajadas. En serio adoro el peculiar humor de Ness. —¿Insinúas que el famosísimo Dominick Eragon puede hacer cosas raras como coleccionar tubos de pasta de dientes?—bromeo cuando ambos paramos de reírnos. Pero entonces mi amigo vuelve a carcajearse con ganas. —¡Te imaginas si eso pasara! Sería toda una notica—dice entre risas. —Prometo contarte si descubro que es cierto. —Como si eso fuera a suceder. Tú y yo sabemos que eres muy despistada para esas cosas, Ann. Sonrío ante su acertado comentario. Todo el mundo se enteraba de las cosas menos yo, siempre era la última en saberlo. Eso me ha ocasionado uno que otro problema con chismes sobre mí o cuando intentan manchar mi imagen pública, si no fuera porque tengo un buen manager y amigos con buenos contactos mi carrera estaría hundida seguramente. El mundo del espectáculo es turbio, difícil y hay constante juego sucio. Lo aprendí a las malas. Me fijo la hora en el reloj de mi escritorio, dándome cuenta que falta media hora para la reunión. Rápidamente me despido de Ness, diciéndole que rece por mí a lo que él responde un "Uy lástima, soy ateo. Pero que la suerte esté de tu lado, soldado". Río por su comentario, le deseo un buen día y luego guardo el teléfono en mi bolso. Salgo a toda prisa, sin despedirme de nadie o llegaría tarde. Me subo a mi pequeño auto —el cual aún no llevo al mecánico—, enciendo la radio en una emisora al azar y me marcho lo más rápido que puedo a las oficinas de Billy. El viaje no es dura más de veinte minutos, pero justo hoy hay un accidente en mitad del camino y me quedo estancada en el tráfico. Tanto mamá como mi manager están meta llamándome para saber dónde diablos estoy, no quiero decirles que podría llegar ligeramente tarde pero viendo que los coches apenas avanzan un centímetro, contesto a la tercera llamada de Linda. —ANNELISE ESTEFANI CREWE CORRALES POR TU BIEN MÁS TE VALE ESTAR EN EL ASCENSOR. Trago saliva con esfuerzo. Hay cosas que no cambian al pasar los años, una de esas es temer por tu vida cuando tu madre grita tu nombre completo. Cómo detesto cuando me dice Estefani. —Estoy a cinco minutos, te lo juro. Literalmente estaba a nada de llegar, pero es casi imposible avanzar o ir por otro camino. ¡¿Justo hoy tenía que pasar esto?! Faltan menos de quince minutos para la reunión. —Mira, Annelise. Más te vale estar aquí en dos minutos si no quieres verme realmente enojada—dice y corta. Mi mente trabaja a toda velocidad tratando de pensar qué hacer, observo hacia afuera notando que puedo ver el edificio de oficinas a un par de cuadras. Desde mi casa, no son más de quince minutos en auto, veintitantos a pie y si se viene corriendo a toda velocidad serían unos quince como mucho. Entonces se me ocurre una idea que casi me felicito a mí misma por pensar en ello. Llamo a Toni, que está pegado a Lolo como siempre, y les pido a ambos que vengan como si estuviesen huyendo de la abuela en sus peores días. Ellos aceptan venir con la promesa de que les haré un favor, luego corto e inmediatamente le mando un mensaje a Billy diciéndole que estaré allí en cinco minutos. Confío en los mocosos, los dos están en un equipo de fútbol, deben ser rápidos corriendo ¿o no? Pasan exactamente diez minutos cuando aparecen tanto mi hermano como mi primo al costado del auto, ambos jadean sin control y están empapados de sudor. Suspiro de alivio mientras bajo la ventanilla. —No sé cómo agradecerles, chicos—suelto con emoción. Lo único que recibo son miradas de reproche de ambos. Toni entrecierra sus ojos negros y frunce el ceño, mientras que Luis hace su extraña mueca de ceño fruncido con labios en apretados en una fina línea. Los ojos celestes de mi primo, que se ven casi grises por el sol, me hacen recordar ligeramente a los de alguien en particular. Alguien con el cual debo reunirme en menos de diez minutos. —¿Vas a dejarnos el coche o no?—pregunta con voz ronca Luis, aún tratando de recuperar el aliento. —Eso, y de paso precisamos veinte dólares—lo secunda mi hermano. Enarco una ceja, incrédula. Un fugaz pensamiento cruza por mi cabeza mientras salgo del auto, dejando las llaves puestas. Al instante Lolo se monta al asiento del conductor mientras que Toni rodea el vehículo para sentarse en el de copiloto. Me cruzo de brazos, con mi bolso en el hombro, y carraspeo para llamarles la atención cuando comienzan a murmurar felices entre ellos. —¿Para qué un adolescente de quince y otro de diecisiete querrían veinte dólares y un auto? ¿Se van a ir a drogar acaso? —inquiero como si fuese una policía, incluso los observo de hito en hito tratando de notar algún signo que los delatara. Pero ambos se ven sorprendidos, casi que aterrorizados ante mi suposición—Mmm, no. Entonces... ¿se irán a una fiesta? ¡Ya sé! ¿Van a una cita doble? Ante lo último, ambos se sonrojan pero es a Toni al que hasta las orejas se le tiñen como tomates. Río entre dientes por su reacción tan inocente. En serio, ¿qué tienen en sus cabezas? A veces me cuestiono el motivo de su inocencia, ¿será porque estudiaron en casa muchos años? Aunque hace más de un año que van a una escuela pública, no tiene sentido que aún sean tan ingenuos ¿o sí? —Así que eso era—prosigo sonriendo con picardía, me inclino y apoyo los brazos en la ventanilla del auto, luego señalo la guantera—. Hay como cuarenta dólares ahí, úsenlos bien eh. ¿Película o el parque de diversiones? Se observan entre ellos, hablándose con miraditas que únicamente los dos entienden. Luego, voltean a verme y Toni se rasca el brazo con ansiedad. Luis, sin embargo, cambia su postura nerviosa a una más juguetona, esbozando una leve sonrisita traviesa. —Iremos a una heladeria y luego a ver precisamente tú última película, Lisa. ¿Inocente dije? ¡Si la abuela escuchara el tono de este niño! —Descarado—le golpeo la nuca. Él se queja, pero le ignoro y señalo a mi hermanito—. Más te vale comportarte, mocoso. Helado, película y a casa. Nada de manoseo que aún eres un niño. Cuando Lolo comienza a reír, le doy otro golpe aún más fuerte que el anterior. —¡Me vas a dejar un chichón, mujer! —¿Entendiste, Antoni?—menciono su nombre con firmeza. —Odio cuando dices mi nombre así—refunfuña. Estoy a punto de decirle un par de advertencias más cuando mi celular comienza a vibrar como loco en mi bolso y recuerdo el porqué ambos están en mi coche. —¿Sí sacaste la licencia, no Luis?—el asiente levemente, aún acariciándose la nuca— Juro que si no es así te depilo las cejas cuando duermas, Luis Malcom Corrales O'Connor. Él bufa y me empuja lejos de la ventanilla, luego se abrocha el cinturón de seguridad e insta a Toni a hacer lo mismo. —Ya vete, Lisa. O vas a llegar tarde, haciéndonos correr hasta acá por nada. Ahora manejaré a casa, después de ahí saldremos ¿está bien, mamá?—se burla al final. Le muestro el dedo medio, después me despido de ambos y salgo prácticamente corriendo al edificio de oficinas por la acera. En mitad del camino maldigo haber elegido tacones, casi al final pido piedad por mis pies, en cuanto paso la puerta giratoria estoy casi que rengueando. Saludo a la recepcionista, quién me dice que me esperan en la sala de conferencias. Le agradezco con una sonrisa fingida, aunque para ella tal vez haya parecido real, e inmediatamente me apresuro a llegar al ascensor y marcar el piso dos una vez en este. No sé si estar feliz porque la reunión no es en la oficina de Billy, que está en el piso ocho, por lo que el elevador no demora tanto en abrir sus puertas o volver a maldecir mi suerte, ya que la sala de conferencias está al final de un largo pasillo y mis pies parecen que van a explotar. Camino lo más rápido que puedo, observando mi reflejo en los vidrios de cada sala por la que paso tratando de arreglar los mechones sueltos de mi cabello. A cada segundo compruebo la hora en mi teléfono, pero por más que trate siguen siendo las dos con cinco minutos, bueno tal vez con seis y contando. Una vez frente a la puerta, golpeo despacio tres veces. En seguida, Linda sale a recibirme y me arrastra dentro de la sala. Allí están Billy, con otro de sus trajes típicos (la mayoría son negros como el que tiene puesto), sentado en la cabecilla de la enorme mesa rectangular. A su derecha está el abogado George, seguido de este se sienta el director Eragon. Quien, al momento de poner un pie dentro de la enorme habitación, voltea a verme con su helada mirada. —Lo siento, había mucho tráfico—me disculpo y camino hasta sentarme al lado de Billy, Linda se sienta a mi lado mientras carraspea para aliviar la tensión. —No se preocupe, señorita Crewe—dice afable George. Le sonrío y casi por instinto, de reojo observo la reacción del director. Serio, helado, inmutable.Puedo jurar que siento las cuchillas que me lanza con la mirada. Mi representante sigue con la reunión, Linda le secunda agregando detalles y George explica los puntos del contrato. O eso es lo que entiendo porque juro que no he escuchado ni una palabra de lo que dicen, si después mamá sale con que acepté trabajar gratis le creería. Sólo asiento cuando me llaman y mantengo la expresión de "entiendo todo, prosigan" desde hace ya un par de horas. ¡¿Pero en serio qué le pasa?! ¡Siento escalofríos de tanto sentir su mirada fijamente en mi nuca! Si no he prestado la debida atención es por su culpa. Si no fuera a ser mi jefe hacía rato le hubiese preguntado qué... —Entonces esta sería la cifra estimada de las ganancias totales después del estreno—suelta el abogado con unos ademanes extraños mientras extiende una hoja hacia Billy. Tanto Linda como yo nos acercamos para ver qué dice. Ambas jadeamos al ver esa cantidad de números juntos. —¿Pero qué...? —¿Algún inconveniente?—inquiere George. —Inconveniente ninguno, pero es que esto es como demasiado. Muchísimo más de l...—me callo, tratando de no hacer una mueca cuando mi mamá me pellizca el muslo y retoma mi palabra con una sonrisa de oreja a oreja. —Quiere decir que está muy emocionada con este proyecto. Hace un par de días leyó el guión y quedó fascinada con él. Si no fuera por mi autoreflejo de voltear a verla, estoy segura que tanto el director como su abogado hubiesen notado mi breve gesto de indignación. Entorno los ojos y estoy casi que aniquilando con la mirada a mi madre por su comentario. Escucho la ya conocida breve risita de Billy, el carraspeo de George pero ni una respuesta del director. Sólo espero que no haya escuchado o que si lo hizo, ignore la situación. Pero parece que estuvo esperando el momento exacto para hablar por primera vez, casi como un karma. —¿Y qué le pareció, si se puede saber, señorita Crewe? ¿Ese tonito al final fue irónico? Me controlo para no verle, porque estoy segura que me voy a arrepentir en cuanto lo haga. Simplemente no lo hagas, Annelise. No lo... ¡Sí está sonriendo con burla, el muy...! —Pues...—me cruzo de brazos, fingiendo que realmente estoy pensando lo siguiente que voy a decir sólo para alargar el momento y fastidarle. Casi que sonrío cuando noto un un atisbo de ansiedad, su postura petulante titubea una fricción de segundo—, es interesante. —¿Interesante?—pregunta ya serio, arrimándose a la mesa. Hago lo mismo, levantando levemente las comisuras de mis labios en una sonrisa sarcástica. Hay algo en él que me insta a fastidarle, a sacarle los estribos y borrar toda ese semblante de "no me importa nada". Eso es lo único en lo que pensaba cuando miraba sus entrevistas, pero ahora que lo tengo en frente lo reafirmo. ¿Qué pasaría si lograra borrar la indiferencia de su postura? ¿Si lograra hacerlo sentir tan nervioso como yo me siento desde el momento en que llegué? —Sí, es original—halago sin importancia y volteo a ver a Billy, quién está inmerso en nuestra conversación—. ¿En donde tenía que firmar? Él tarda un momento en procesar mis palabras, pero en seguida me alcanza el contrato y señala donde debería firmar. Pongo mi firma en casi todas las hojas, después lo hace él mientras me observa de reojo. "¿Qué estás haciendo?" Inquiere con su mirada. Me encojo de hombros en respuesta. Luego todos nos levantamos, nos damos la mano y nos despedimos. Tanto Linda, Billy y George hablan entre sí, pero en lo único que presto atención es en el semblante impasible de Dominick Eragon. —Gracias por incluirme en este gran proyecto, espero que logremos hacer un buen trabajo—me inclino en una reverencia, y aunque me quiera reír por lo confundidos que se ven todos, me abstengo de hacer expresión alguna—. Si me disculpan, tengo que irme. Tengo que alejarme de ese sujeto antes de que me dé un colapso nervioso o algo peor. —Ann, ¿no irás a comer con nosotros?—dice entre dientes Linda casi que lanzando fuego por sus ojos. —Tengo un asunto que resolver, espero sepan disculparme—niego, agregando lo último para el director y su abogado. Este último sonríe dejándolo estar, pero Eragon ni parece haberme escuchado. Mamá lanza esa mirada de "en casa hablaremos, Annelise Estefani Crewe Corrales" que da escalofríos. Sólo espero que al llegar también esté papá porque es el único que puede amansarla para que no me mate. Sin más, me voy casi que corriendo por el pasillo. Recién cuando estoy lo suficientemente lejos, puedo caminar con lentitud y suspirar por fin. A propósito elegí dar toda la vuelta al edificio e irme por los elevadores que el personal de limpieza utiliza, porque ellos usarían los otros y yo necesitaba alejarme para por fin poder quitarme esa sensación de incomodidad. Tan solo de pensar en trabajar con ese tipo me dan ganas de tirarme por el ventanal. ¿Por qué acepté? ¿Por qué acepté? ¿Por qué? Casi que escucho la voz de mis amigos en mi cabeza gritando: ¡porque eres masoquista, Ann! Después de deambular como por diez minutos en los pasillos, consigo llegar al ascensor. Presiono el botón y mientras espero, voy saludando a las personas que pasan. No porque las conozca, sino por simple amabilidad. Una vez las puertas se abren, adentro y pulso 0. Pero parece que el elevador se estanca porque las puertas no se cierran por más veces que le dé al botón. —¿Y a esto qué le pasa ahora? ¡Vamos, vamos!—insisto pero nada— No puede ser. ¡Esto es karma, es kaaaarma! Dale hombre, ¿justo ahora tenías que fallar aparato del diablo?—pregunto mirando al techo. Es entonces cuando comienzo a desvariar, como siempre pasa cuando me aburro o estoy frustrada— ¿Qué te hice, Dios? Si esto por la muerte de Alberto y doña Ana juro que fue un accidente, ¡si hasta me disculpé haciendo un funeral digno! —En los artículos que hablan de ti, jamás mencionaron que eras asesina—hablan a mis espaldas, sobresaltándome y dándome un paro cardíaco en el proceso. Me giro en mi lugar, encontrándome con ni más ni menos que Dominick Eragon apoyado en la pared metálica del elevador, con las manos en el bolsillo de su aparentemente carísimo traje n***o. Me atraganto con mi propia saliva por lo que empiezo a toser como posesa. Él me observa sin inmutarse mientras que yo me estoy muriendo ahogada. Cuando logro calmarme, me abanico la cara por el subidón de calor que me da. No sé si de la vergüenza o por el ahogo. —Perdón—me disculpo, entonces me decido irme y bajar por las escaleras, pero casi como si fuera una película las puertas del ascensor se cierran. ¿Te estás burlando, Dios? ¿Es gracioso encerrarme con mi futuro jefe con complejo de Edward Cullen? —¿Edward Cullen? Me volteo con tal rapidez que hasta me parezco a la niña del exorcista. —Dime que no lo dije en voz alta— él asiente con esa sonrisita que estoy detestando con mi alma. Prefiero su actitud indiferente a esta en donde se burla de mí. ¿Es que acaso es bipolar o por qué siempre que no hay nadie más se mofa a costa mía? Le doy la espalda, dispuesta a ignorarle. Pero cuando al ascensor solo le falta bajar un piso, de reojo veo el brazo del director extenderse hasta dar con el botón rojo. —¿Pero qué haces, imbé... tú?—pregunto recordando que ahora es mi jefe. Él se acerca al punto de que la punta de sus zapatos rozan con los míos, mantiene las manos en los bolsillos pero se inclina de tal modo que me siento rodeada. —Quiero preguntarte algo—suelta con seriedad, cambiando totalmente su expresión divertida a una seria. Y podré llevar años siendo actriz, pero me es imposible actuar estar tranquila teniéndole tan cerca. —A-ah b-bueno—digo como tonta. Él sonríe una vez más ante mi actitud, y al tenerle tan cerca puedo ver el brillo en sus ojos grises. E inconscientemente comienzo a observar cada pequeño detalle de su rostro, como esa pequeña cicatriz casi imperceptible en su sien derecha o que la tonalidad de sus ojos se ve aún más clara de cerca. Los comentarios de lo guapísimo que es de Jess llegan a mi mente y no puedo hacer más que confirmarlo todo. Es como si te atrajera a mirarle aunque sea un poco, seguramente sea de esas personas a las que voltean a verle en las calles. Trago saliva con nerviosismo, él se acerca un par de milímetros más y quiero alejarme, de verdad que sí, pero mi cuerpo no responde a mi cerebro. Error not found 404. CÓDIGO ROJO. WINDOWS NO PUEDE PROCESAR LA INFORMACIÓN. —Entonces dime...—hace una pausa, como si estuviera pensando qué decir y yo ladeo la cabeza para no escuchar mis pensamientos. Pero se aleja de golpe rompiendo con esa especie de magnetismo entre los dos. Iniciando Windows. —¿Eh?—musito sin querer. Su risa grave y profunda me descoloca aún más. —Dije, ¿qué te pareció el guión?—pregunta arrastrando las vocales con ese tono ronco característico de él. Pestañeo sin entender qué está pasando. —Ah... ¿eh?—balbuceo como tonta. ¡Annelise no tienes quince ya actúa como una mujer adulta! Carraspeo, dándome cuenta que estoy pareciendo una completa idiota. Meto las manos en los bolsillos de mi saco y haciendo uso de la actuación, cambio totalmente mi semblante a uno más sensato. —No es que quiera parecer irrespetuosa, señor Eragon, pero ¿usted me siguió solamente para saber eso? —Sí—admite con franqueza sin alterarse en lo más mínimo. Vuelve a meter las manos en los bolsillos de su pantalón, observándome a la espera de una respuesta. —¿Por qué?—pregunto frunciendo el ceño totalmente confundida. Pero cuando creo que me contestará, él voltea, presiona otra vez el botón rojo y casi al instante, el ascensor abre sus puertas en el hall del edificio. Mi cuerpo reacciona por sí sólo al verle alejarse, agarrándole el antebrazo para detenerle. La sensación de Déja Vu me invade cuando lentamente gira su cabeza, viéndome con frialdad. —¿No va a responderme?— Enarca una ceja mientras mira el agarre de su brazo, por lo que al instante le suelto con brusquedad. Entonces me observa fijamente, sonríe de lado y sin más se aleja, dejándome con las palabras en la garganta. ¡¿Pero qué le pasa a ese tipo?! Mi celular vibra sin parar en mi bolsillo, lo saco casi que vociferando improperios por el cabreo. De: Billbenny Me acabo de enterar que ya tenían todo el cast listo, sólo faltabas tú. De Billbenny: El lunes comienza el rodaje, así que te pido por favor que no te involucres en ningún escándalo. Es muy importante que mantengamos tu buena imagen pública y te alejemos de los medios hasta el estreno del film. De Billbenny: En serio, mantente al margen. ¿okay? Tecleo mi respuesta mientras camino a la salida, y en el preciso instante que piso la vereda, logro ver la espalda de Dominick Eragon alejándose. Para Billbenny: No prometo nada
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD