Capítulo 6, parte II: Devuélveme mis cincuenta dólares

3822 Words
(…)      —¿Bajamos ahora? —pregunta, con voz deliberadamente sensual, Bright en mi oído. Causándome un estremecimiento en el cuello que me hace sonrojar casi al instante. Lo empujo por inercia y contemplo de un lado a otro por si alguien nos vio, o me van a tachar de asalta cunas. ¡Y no!    Recién entramos en un breve descanso por lo que todos bajaron al lobby del edificio, excepto el hermano de Charlie y yo, ya que esperaba estar a solas para hablar con él. Pero el mocoso no entiende eso, no dudó en levantarse de la silla e insistir en bajar, probando todo tipo de métodos para convencerme. Casi que se me sale la risa cuando comenzó a enumerar las razones del porqué hay que bajar como si fuese un niño.    —Bien—me resigno al fin, pero me inclino para darle una fuerte colleja —, pero si me hablas así otra vez te juro que ni el mejor cirujano te arregla la cara después de golpearte.     Él se acaricia la nuca, mirándome con odio fingido.    —Charlie tenía razón, eres sádica — menciona en un quejido.     —Charlie es un quejica —menciono despreocupada. Posteriormente, me coloco el bolso en mi hombro y salgo al pasillo con el mocoso siguiéndome de cerca.    —Entonces... —suelta una vez entramos en el ascensor.    —¿Entonces qué?     Advierto que acorta la distancia entre ambos, sin preocuparse en mi ceño fruncido cuando pasa su brazo alrededor de mis hombros. Y no porque me moleste su gesto, sino que me parece que se otorga demasiada confianza para haberlo visto apenas tres veces antes de hoy. Creo que sólo hablamos una vez como mucho.    —Seremos compañeros —menciona con picardía.    —Ajá —digo buscando mi teléfono en el bolso. Y cuando doy con él, me dispongo a responder los mensajes de mis amigos.    —¿Me besarás?     Se me resbala el celular de las manos, cayendo estrepitosamente al suelo.     Reiniciando Windows.     ¡¿Qué acaba de decir este mocoso?!    Mi mano reacciona más rápido, yendo directo a darle otro tortazo a Bright, recibiendo un sonoro quejido como respuesta.     —Serás...    —¡Sádica! —exclama riéndose a carcajadas.      Imbécil.    Me suelto de su agarre para agacharme a levantar mi celular, el cual de milagro sigue sano y sin rayones. Primero me seguro de guardarlo cuidadosamente en mi bolso antes de levantarme de golpe, dispuesta a decirle mil cosas. Pero no puedo evitar unirme a sus risas al escuchar que le sale sonidos de cerdito de vez en cuando.     Una vez se calma, vuelve a posar su brazo sobre mis hombros con confianza a lo que enarco una ceja cuestionándole silenciosamente el gesto.    —Mi hermano dijo que eres fácil de provocar, al parecer tiene razón —menciona divertido.    Ladeo la cabeza confundida por el comentario. ¿Cuándo habló con Charlie si lo vi atento durante toda la reunión? Más importante aún, ¡¿por qué sigue abrazándome con tanta confianza?! Me pone un poco nerviosa el sentir su mano tibia sobre mi hombro.    —¿Cuá... —comienzo, pero me detengo al notar lo terriblemente aguda que salió mi voz. Me aclaro la garganta tratando de controlar mi nerviosismo —¿Cuándo le hablaste a tu hermano?    Él se rasca la nuca con inquietud y me sorprende ver lo dudoso que está en decirme o no. Para, finalmente, afianzar su agarre — el cual deja una distancia casi nula entre ambos. ¿Acaso no conoce el significado de “espacio personal” o qué?  —  y, con sus ojos azules brillando divertidos, se acerca a mi oído.    —No lo hice. Solo lo sé porque él tenía una especie de crush contigo y en su momento, hablaba sin parar sobre ti—susurra pícaro. Nuestros rostros están tan cercas que por impulso inclino la cabeza para establecer distancia entre ambos. Entonces él esboza esa sonrisa de granuja, mofándose de mi con descaro —. Creo que dije algo que no debía. ¿Ups, se me escapó?    Me toma menos de tres segundos dejar de estar estupefacta para pasar a demostrar total serenidad. Ya sabía eso, porque el mismísimo Charlie me lo confesó hace tres años en cuanto terminamos el rodaje. Lo que me dejó realmente atónita fue el poder de su voz murmurando en mi oído, el nivel de seducción empleado y el talento de poder alterar a las personas de Bright. Juro que sentí escalofríos en la espalda cuando apenas rozó sus labios en mi mejilla cuando hablaba.      —No te recordaba tan sinvergüenza —le acuso tratando de disimular las ganas de sonreír al verle hacer gestos coquetos con total frescura.     Se me viene la imagen de cuando nos conocimos a la cabeza, él llevaba unos shorts playeros y una camisa hawaiana bastante extravagante. Pero andaba detrás de su hermano totalmente inhibido, ¡ni siquiera nos veía a la cara cuando hablaba! Era una cosita tierna todo sonrojado y con voz disonante, me daban ganas de llevármelo a casa para que sea mi hermanito también.  Quién diría que terminaría siendo un descarado de lo peor.    —Yo te recordaba más amable —se queja infantilmente, incluso pucherea como niño de preescolar.    Tengo el impulso de agarrar sus mejillas con una mano y apretujarlas por lo tierno que se ve. Como diría Jess, “es tan tierno que me dan ganas de hacerlo una bolita y comerlo”.  Bright arruga la nariz con disgusto, pero no me detengo en mi faena solo para molestarle un poco más.     —Eras taaaan tierno con tus mejillitas regordetas que siempre quise hacer esto, pero pensaba que te ibas a espantar al mínimo roce—me burlo apretando aún más su cachete, haciendo que arrugue aún más su nariz con disgusto.     El estafador resultó estafado.    Bright posa su mano libre, la que no está encima de mi hombro, sobre la mía con fuerza. Instándome a que le suelte, pero soy firme y ni siquiera logra moverme un dedo. De vez en cuando suelto risitas por lo hilarante de la situación, él también pero trata reprimirla. Le guiño un ojo antes de soltarlo de golpe, e inmediatamente se empieza a quejar frotándose las mejillas y viéndome con molestia fingida.    Quiere decir algo, pero un carraspeo lo interrumpe y ambos desviamos la mirada a las puertas del ascensor, en donde está el director junto con el pelirrojo menudito observándonos.    —¿Se van a quedar ahí? — pregunta con cinismo, escrutándome sin expresión alguna.    Trato de no sonrojarme, pero sé que estoy fallando al sentir mi cara ardiendo. Su mirada me causa una alteración en todo mi sistema nervioso, al punto de que ya no recuerdo qué estaba haciendo.     Con Bright nos observamos incómodos sin saber qué decir, teniendo alguna especie de conversación con la mirada en donde le recrimino por qué no dijo que las puertas del ascensor se abrieron, a lo que él rueda los ojos con exasperación como si dijera “eso estaba por hacer”.     El director vuelve a carraspear, esperando impaciente alguna respuesta de los dos. Pero tanto el hermano de Charlie como yo estamos nerviosos, lo sé porque estamos tan cerca que puedo sentir lo rápido que late su corazón y notar la manera en que se mueve su manzana de Adán. Es como si nos hubieran encontrado infraganti haciendo algo indebido cuando no es así, pero por la mirada de Dominick comienzo a creer que sí.    Si llamaran a las personas con la habilidad de inquietarte con solo una mirada, Eragon sería el abanderado sin dudas.     ¡No dejes que te afecte, Ann! ¡Sé profesional, no demuestres que te afecta! Me grita una vocecita en mi cabeza, pero perdí la voz en cuantos sus ojos helados se conectaron con los míos. Puedo asegurar que están más oscuros de lo normal, haciéndolos parecer más a un azul que a su gris humo característico.    El primero en reaccionar es Bright, quién vuelve a su semblante pícaro y vil. Deja caer su brazo de mis hombros, pero me toma del brazo para comenzar a arrastrarme junto a él.    —No, vamos a la cafetería. Con permisoooo—contesta burlón Bright alargando la “o”, a la vez que me insta a pasar frente a Dominick.    —En media hora termina el descanso — dice con voz severa a nuestras espaldas. Pero ni yo ni Bright contestamos, simplemente nos alejamos a toda prisa sin mirar atrás.    —Sonó molesto —no puedo evitar soltar una vez nos sentamos en el sofá de una de las mesas al fondo de la cafetería.    Aún siento el pulso acelerado detrás de mis orejas y el corazón en la boca. Incluso mis manos tiemblan un poco, por lo que las mantengo ocultas debajo de la mesa. Jamás una persona me había descolocado tanto como el enigmático director, ¡y no puede ser así! Estaremos meses trabajando codo a codo, ¿cómo se supone que voy a sobrevivir si con una sola mirada nubla mi juicio al punto de bloquearme?     —Lo está —asiente.    Inclino la cabeza ante su convicción, olvidándome por completo que aún me tiemblan las manos. Mi instinto me dice que él sabe algo que yo no, y que eso me involucra de algún modo. Sobre todo, teniendo en cuenta las cosas que dijo cuando entró a la reunión mientras me miraba fijamente.    —¿Cómo sabes? —cuestiono curiosa.    Él se encoge de hombros, restándole importancia y sonríe de la nada. Lo que me hace sospechar aún más, por lo que entrecierro los ojos acusándolo con la mirada. Entonces ladea la cabeza, observando en todas direcciones antes de acercarse a mí apoyando los codos sobre la mesa; aun así, lo veo dudar sobre si decirme o no, por lo que comienzo a golpear ligeramente los dedos con impaciencia para apremiarlo a hablar.    —Pues esta es la tercera reunión del elenco. La primera fue con todo el reparto menos los protagonistas —se señala a él y a mí —, luego yo pasé la última etapa del casting y se hizo la segunda reunión. La cosa es que aún faltaba la protagonista, pero nadie escuchó que se hiciera el casting para ese papel. Es más, todos creíamos que tal vez ella ya fue elegida desde mucho antes, hasta que el director nos dijo que faltaba la heroína para comenzar a rodar de manera oficial. Entonces... —se detiene, tomando una gran bocanada de aire mientras me mira con emoción.     ¿Otra cosa que detesto más que ir de compras? Cuando las personas se detienen al hablar. ¡Me cuentas el chisme completo o no me cuentes nada! Me causa muchísima ansiedad cuando hablan pausado, ¿es realmente necesario hacerte el misterioso? Tengo ganas de gritarle que lo diga ya, algo como: ¡Bright Keith escúpelo de una vez, hombre!    —¿Entonces...? —insisto impaciente.    Profesional ante todo, Ann.    —Entonces todos hicimos una apuesta —comenta sin más, tratando de dejar el tema al aire.     Con ímpetu estiro el brazo para tomar su mano de la mesa e insistir en que siga contando sin romper el contacto visual. Él pestañea incrédulo por mi precipitación, alterando su mirada entre nuestras manos y mi cara. Da cierta gracia, porque quien no parece respetar el espacio personal es él, pero su puso tímido de repente; aflorando aquella personalidad tan cohibida con la que le conocí.    —¿Qué, te pusiste nervioso? —suelto sarcástica, sin poder evitarlo. Por un segundo mi faceta de “chica buena” se esfumó y tuve la necesidad de mirar rápidamente a los lados para asegurarme de que nadie nos preste atención.     Si bien con Bright me siento cómoda al hablar, más porque conozco muy bien a su hermano que por otra cosa, cuando eres una figura pública, tener una buena imagen es esencial. Ser lo más cordial posible es lo primero que te enseñan en la escuela de actuación, dar una impresión de accesibilidad y animosidad es importante si quieres poder llegar a las personas. Nadie quiere a alguien que es sarcástico, irónico, latoso, severo, etc., a su alrededor. No es que mienta sobre quién soy, sino que trato de elevar la amabilidad para bajar el nivel de los aspectos negativos de mi personalidad. ¡Vamos si fuera por mí hacía rato estaría lanzando comentarios a diestra y siniestra! Soy latina después de todo. Pero no, me aguanto como la buena actriz que soy.     Bright, sorpresivamente, me devuelve la sonrisa sarcástica mientras entrelaza nuestros dedos con tal desfachatez, que dan ganas de darle un golpe por imbécil. Sacudo mi mano para soltarme, volviendo a sentarme recta con los brazos cruzados y lanzándole cuchillas imaginarias por los ojos.    —S-Á-D-I-C-A —dice antes de romper en risas. Impacientemente espero a que termine de mofarse a mi costa, para que prosiguiera con el tema de la apuesta. Pero el muy... vil, se toma su debido tiempo en calmarse, luego llamar a la joven mesera para ordenar un americano junto con una malteada de limón con tono jocoso—Sé que es uno de tus favoritos   —Como sea —le quito importancia con la mano y empujo la lengua contra mi mejilla con impaciencia.  ¡Sigo esperando que me hable de la bendita apuesta, por el amor a Cristo!    —Ya cuento, ya cuento —reitera en un suspiro. Entonces, manteniendo su frescura, se mueve a través del sofá en L hasta quedar a mi lado y murmura en mi oído—. Apostamos por tres opciones: Uno, elegiría a una amante para el papel. Dos, lo haría una familiar. O tres, él ya sabía a quién quería como la heroína.     Me alejo con los labios entreabiertos, completamente incrédula de que realmente apostaran eso.  ¡¿Qué estarán pensando de mí los demás entonces?! ¿Aman... del demonio? ¡Si me pone más nerviosa que mi madre llamándome Estefani! Dios, siento que estoy frente a un verdadero demonio cuando me observa fijamente.    —Bromeas, ¿cierto? —pero Bright niega fervientemente.    Mantén la compostura, Annelise. Inhala, exhala, no te alteres. Estás en la cafetería del set, en donde todos pueden verte. Mírale el lado gracioso... ¿espera, lo hay?    —Nop, de hecho, perdí cincuenta dólares. Devuélveme mis valiosos cincuenta dólares, Ann —se lamenta en un puchero horriblemente fingido.    Y se ve tan tierno, que me hace querer volver a apretujarle las mejillas, pero me detengo a tiempo. En cambio, entrecierro los ojos con desconfianza e inmediatamente consigo ponerlo nervioso, le veo tragar duro y rascarse la nuca; gesto que, cabe destacar, hacía todo el tiempo el día que nos conocimos.    —¿A cuál opción apostaste?     —Amante —mi pie lo pisotea casi al instante —. ¡Au, me vas a dejar cojo, mujer!    Río entre dientes y procedo a ignorarlo los siguientes minutos en los que murmura un montón de improperios hacia mi persona. Decido que es buen momento para mandarles un mensaje a mis amigos, reportando que aún sigo viva. Ellos no demoran en contestar, haciéndome muchísimas preguntas en menos de un minuto, a lo que les digo que responderé todo en cuanto llegue a casa. También tengo mensajes de toda mi familia, Lolo que envía una cantidad considerable de fotos de él y Toni en mi cuarto, la abuela me desea suerte a su modo, el tío Juan pregunta si viene a buscarme y papá me mandó un video de él cocinando un pay de manzana por mi primer día.     Estoy contestando uno por uno, pero un vaso con malteada de limón irrumpe en mi campo de visión. Por lo que guardo el teléfono otra vez en el bolso y sostengo mi bebida, Bright me observa sonriente con su taza de café.     —Oye, ¿cómo está Charlie? —pregunto luego de dar un gran sorbo, deleitándome con el sabor cítrico del limón mezclado con la dulzura del helado de vainilla. —Mmm, está bien. Ahora se enfoca más en terminar de estudiar en la universidad que en actuar en sí —cuenta cabizbajo, y noto por su tono de voz lo mucho que admira a su hermano. Entonces levanta la cabeza de golpe, volviendo a su actitud burlona en un microsegundo e inmediatamente presiento que saldrá con alguna payasada suya —. Pero no te preocupes que aún te sigue recordando.    Y ahí está. Ruedo los ojos con fastidio, aunque admito que me está empezando a gustar su personalidad, me hace recordar mucho a Ness. Agh, lo extraño tanto. Hace más de cinco meses que no veo a mis amigos porque han estado viajando de ciudad en ciudad por trabajo y los extraño bastante, a decir verdad.    Contemplo alrededor de la cafetería, notando que ya no está tan llena como cuando recién ingresamos. Frunzo el ceño extrañada, hasta que reparo en el reloj de una de las paredes, el cual indica que en menos de cinco minutos termina el descanso. Me apresuro a terminar mi bebida, pero cuando veo a Bright, está bebiendo su café tranquilamente mientras lee algo en su teléfono.    —¡Keith se nos hace tarde! —lo apuro y él se sobresalta del susto.    —¡Que me da un paro cardíaco, mujer! Pensé que era el diablo llamándome —exclama agitado, con el celular contra el pecho.    Me pongo de pie, dispuesta a irme sin él, pero se termina su café de un trago para luego pararse en un santiamén. Dice que le espere en el ascensor, así que salgo sin más de la pequeña cafetería y me adentro en el lobby, donde la mayoría de mis compañeros se encuentran. A medida que me acerco al elevador, noto la considerable cantidad de personas que esperan subirse a él.    Me coloco en la fila y suspiro, convenciéndome que no es tan malo si llego tarde porque muchos lo harán. El máximo es de la caja metálica es ocho personas, y a ojo puedo decir que hay como veinte esperando ansiosas. Así que puede que tal vez, el director lo deje pasar ¿o no?        (…)      — ¡¿Acaso creen que esto es un circo, que llegan a cualquier hora?! —vocifera colérico el director, mirando con severidad a cada persona en la sala. La mayoría se mantiene con la cabeza baja, entre avergonzados e incómodos, excepto por Bright quien es el único con los cojones para seguir exasperando a Eragon clavando sus irises burlones en él.    Trato de hacerle un gesto disimulado de que no lance ninguna guasada suya, porque la cosa pinta para mal, pero me ignora completamente.     —¿Puedo ser uno de los payasos que salen del auto? Siempre quise entrar en uno de esos —ironiza, ganándose varias miradas furtivas de los demás y una asesina de mi parte.     Escucho una silla siendo arrastrada estrepitosamente, por lo que cierro los ojos esperando lo peor. Sin embargo, contrario a todo tipo de reacción que esperaba del imponente Dominick Eragon, todos se sorprenden cuando el silencio inunda la sala. Lentamente abro los ojos, dirigiéndolos al director, notando que suelta un bufido mientras se aprieta el puente de la nariz. Y cuando nuestras miradas se encuentran, no puedo evitar desviarla hacia los lados con incomodidad mientras me rasco el cuello como tic nervioso.    —Para la próxima no lleguen tarde, por favor. Entre más tarde empecemos, más tardaremos en terminar —explica severo, volviendo a acomodarse en su lugar en la punta de la mesa.     Nadie dice nada, pero de reojo percibo como todos asienten y elevan sus cabezas. Pero yo no, prefiero concentrarme mirando la mesa para así mantener mi semblante serio; también para no distraerme con el rubio coqueto a mi lado como antes, el cual no deja de picotearme el costado con sus dedos para desconcentrarme.    —...prosigamos con los detalles del rodaje; antes que nada, habrá un taller de tres semanas en donde practicarán los diálogos sí, pero la idea es que todos comiencen a familiarizarse con sus compañeros y creen vínculos que luego harán más proactiva el proceso de grabación — tuerzo la boca no muy segura de lo que acabo de escuchar, ¿taller interactivo de tres semanas? Espera, ¿cuánto nos llevará grabar la película entonces? — Asimismo, ayudará a los actores amateurs a tener un proceso de aprendizaje de los más experimentados no sólo para este proyecto, sino que también para los venideros. ¿Alguna duda? ¿Sí, Crewe?     Ni siquiera soy consciente de que estoy alzando la mano hasta que es muy tarde. ¡Yo y mi tonta impulsividad!     —¿Eso no se hacía solo en series?—cuestiono, y creo ver un tipo de emoción en el director pero lo descarto ante su postura inalterable. Él simplemente enarca una ceja ante mi cuestionamiento, pero no denota ningún tipo de impresión.     —Si eso es todo, Luke les guiará al salón en donde tendrán que estar mañana a las ocho en punto, allí podrán preguntarle más detalles. Ahora si me disculpan, tengo una junta con el departamento de producción —se despide sin más.    Mientras que yo sigo perpleja observando la puerta por donde salió, me dejó una vez más con las palabras en la boca el muy condenado.    —Te ignoró más que yo a mi ex —se carcajea Bright a mi lado. Le vuelvo a dar un pisotón en el mismo pie de antes, callándolo en un santiamén.     Una molesta espina comienza a formarse en mi sistema, porque no es la primera vez que el director me pasa de largo como si nada. Me fastidia aún más el hecho de que me dejara pegada frente a todos sin motivo aparente, ¡le pregunté de buena gana! Empujo la lengua contra mi mejilla totalmente cabreada, repasando esa escena sin cesar por mi cabeza a medida que camino con los demás detrás del pelirrojo menudito; quien está explicando algo, pero no le presto atención en absoluto.     Por unos segundos logro ver al demonio doblando en el pasillo hablando con alguien al teléfono y arrugo la nariz con disgusto. ¡Ojalá te caigas maldito!   No entiendo qué carajos le pasa a ese tipo ni porqué parece cambiar de actitud a cada rato. ¿Le habré hecho algo? ¿O por qué carajos me eligió si tiene algo contra mí? Realmente me fastidia e intriga a la vez, es tan confuso que ni siquiera estoy segura de si le estoy buscando la quinta pata al gato o no. Maldición, ¿realmente soportaré esto durante vaya a saber uno cuantos meses? Mi paciencia tiene un límite y no puedo prometer que no explotaré en algún momento.      Estos meses serán un completo infierno... liderados por el demonio en persona.   ¿Ya dije que trato de ser profesional? 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD