evitar darse cuenta. Desde entonces comenzó a mirarla de forma diferente, con un resentimiento, al pensar que el solo hecho de mirar con desprecio a quien era su ídolo, le rompe el sentimiento a cualquier mortal. Rosángela, luego de saludar desde lejos a su suegro, subió las escaleras aprisa. No se acercó a aquel hombre que tanto aprecio tenía para ella, y que tanto la apoyó para que Rigoberto lograra pensar en tener familia junto a ella. Tanto que aconsejó a su hijo para que no coqueteara tanto por allí y la respetara, como la futura esposa que era. Le explicaba a su vástago, que sabiendo lo mujeriego que había resultado ser, debería fijarse en una mujer de buena familia, no por el dinero, sino por los valores que se cultivan en un hogar decente. Quería una mujer de insi

