CLARA Salí de la casa de Nina directo al trabajo. Por más que quiera pensar que Nina no tiene nada que ver, en el fondo no estoy cien por cien segura. Cuando llegué, pasé olímpicamente de las miradas feas y los chismes, y me fui directo a mi oficina. Alcancé a ver que Danna cerró una página apenas crucé la puerta. Se giró en su silla y me tiró una sonrisita toda fingida. ¿Qué carajos estaba viendo que tuvo que esconderlo así? Me dejé caer en mi silla, y la miré. Ella me veía con cara de “te entiendo, amiga”. —¿Todo bien, Clara? Vi esos correos y jamás te voy a juzgar por lo que hayas hecho —me dijo, arrugando el entrecejo. Solté un suspiro pesado. —¿Todo el mundo sabe de esos correos falsos?—. Hasta el conserje me miró como si me hubiera crecido otra cabeza. —¿Eran falsos?—, me dijo

