—Hola, cariño —dice mientras se sienta a mi lado en la mesa. No se me escapa la mirada que le lanza a Kate—. ¡No la mires así, joder! —le espeto—. Y no vamos a repetir esto. Ya te dije que se acabó lo de ser rollo de una noche y que puedes ir a buscarte a otra. —¿De qué hablas? Ah, ya veo. Sigues con tu berrinche —dice con tono condescendiente, como si tuviera algún poder. Que lo sepa esta zorra: aquí el que manda soy yo. Puede conseguir que los demás imbéciles de esta escuela hagan lo que quiera, pero conmigo no va a funcionar. —Vete a la mierda con ese gilipollas con el que te has estado acostando. No me gustan las segundas partes —le digo, sonriéndole mientras su cara se pone roja como un tomate. Probablemente él le está dando órdenes, mientras que ella, sin duda, no le hará caso a ning

