—Nada en absoluto —dice Charlie frunciendo el ceño y con el ceño fruncido al mismo tiempo. —Por favor, decidme que no estáis peleando por una chica o alguna tontería parecida —digo, gimiendo. Eso sería la guinda del pastel: los cuatro perdiendo los estribos por unas chicas. En mi caso, sin embargo, no es así. Simplemente odio a la chica en la que estoy pensando. —Sí, claro. Ninguna de estas zorras de este instituto merece la pena. Aunque si no te espabilas, a lo mejor me ligo a la empollona pelirroja —dice Nick, sonriéndome. —¡Ni se te ocurra! ¡Es mía y nadie más la puede tocar! —exclamé, haciendo que los imbéciles se rieran aún más. Acababa de declararla fuera de mi alcance sin darme cuenta. —Están locos y ni siquiera lo saben —dijo Charlie. Nos señaló a Adam y a mí mientras soltaba una c

