—¡Claro que sí! —digo, riéndome de la cara que pone. Sabe que probablemente le haré alguna jugada sucia en el campo. Rápidamente nos dirigimos al vestuario para cambiarnos y luego a las gradas, donde el entrenador suele esperarnos antes del entrenamiento. Los cuatro estamos bastante colocados. Menos mal que nunca afecta a nuestro juego. El entrenador nos mataría. Esperamos unos minutos mientras llegan poco a poco todos los miembros del equipo. —¡Muy bien, chicos! Tenemos algo más de un mes para prepararnos para el partido de visitante. El entrenamiento a partir de ahora va a ser intenso. Más vale que todos se pongan las pilas y se preparen para trabajar duro. Vamos a ganar y no espero menos. ¿Entendido? —grita el entrenador a todo el equipo. —¡Sí, entrenador! —gritamos todos al unísono. —¡

