¿Qué se sentirá estar en el borde de un precipicio? Siempre me he hecho esa pregunta, pero nunca me he acercado a uno, ni lo haré. Supongo que me quedaré con la duda para siempre. ¿Qué pasará si conozco a una persona que me lleve directo hacia uno?, ¿me alejo?, ¿corro?, ¿qué hago?
No no no, demasiadas preguntas, prefiero quedarme en la comodidad de mis cuatro paredes, recostada a algo sólido, y a muy poca altura del suelo. Es una ecuación simple, un niño de primer grado podría darse cuenta: mientras más alto esté, más dolerá la caída, el impacto, el choque contra la superficie, contra la realidad dura y fría. Ni siquiera tengo que sacar la calculadora, es fácil deducir que la mejor opción es no subir, es quedarse exactamente donde estás.
¿Cómo que no puedo?, ¿Cómo que esto es una historia inventada y hay muchas probabilidades de que venga alguien a desordenarme la vida? Bueno, tal vez pueda lidiar con eso, he enfrentado muchas cosas en mi vida, pero nada parecido, claro está. Tal vez pueda hasta acercarme a un precipicio, la pregunta es: ¿Voy a caer, o voy a volar?